(ARGENTINA).- River ganó las Copas Libertadores de 2015 y 2018 con características distintas, una idea que volvió al centro de un debate sobre la capacidad del club para cambiar su planteo según el rival. La conversación se abrió a partir de la clasificación de Estudiantes a la final, tras eliminar a Flamengo, y se desarrolló en un fragmento del ciclo Y ya lo ve, conducido por Hernán Castillo en Love ST.
En el intercambio se planteó que Marcelo Gallardo empezó a transformar la historia internacional del club sin reproducir el ADN que muchos asociaban con River. Otra intervención recuperó 2014 y 2015: en la Copa Sudamericana y en otros partidos, el equipo jugó de otra forma y, según esa mirada, la gente aceptó el cambio. La referencia apuntó a que modificar el planteo no necesariamente implicaba perder una identidad, sino encontrar otras respuestas para competir.
La conversación también repasó la semifinal frente a Palmeiras, mencionada como disputada en 2020 o 2021, sin precisar cuál de los dos años correspondía. Allí se recordó que River terminó recurriendo al pelotazo tanto en la ida como en la vuelta. En el análisis de ese cruce se describió un partido extraño: a River le hicieron tres goles en tres jugadas, pero dominó y tuvo ocasiones para marcar dos, tres o cuatro. La lectura añadió que no concretó esas chances entonces y sí pudo hacerlo en la revancha.
El pragmatismo detrás de la serie de Estudiantes
La ida y la vuelta entre Estudiantes y Flamengo terminaron 0-0, y el equipo platense avanzó por penales. En la conversación se evaluó que Estudiantes había sido superior durante los 180 minutos de la serie, aunque no sostuvo una sola forma en los dos partidos. En La Plata buscó atacar y generó ocasiones; en la revancha presionó arriba durante el primer tiempo y, tras quedar con diez a los cinco minutos del segundo, jugó unos 40 minutos con un hombre menos. Flamengo tuvo una sola chance clara en ese segundo tiempo, la de Gonzalo Plata.
El caso no fue presentado como una receta para defenderse durante todo el partido. El intercambio subrayó que el planteo depende del rival y del objetivo: Estudiantes no jugó igual en la ida y en la vuelta, ni afrontaría del mismo modo un partido de torneo local. También se puntualizó que la línea de cinco incluía a un futbolista por izquierda con características ofensivas, casi un delantero y encargado de recorrer toda la banda. El pragmatismo quedó asociado a saber cómo competir ante un equipo con más poderío, sin que eso implique renunciar al ataque.
La comparación también marcó un límite en el plantel de River. En la charla se mencionó a Andrada, Almada, Correa, Beltrán y Galván como ejemplos de un equipo más liviano y orientado a proponer juego; la postura fue que esos futbolistas no encajan con el plan de fricción de Estudiantes. También se sostuvo que el River actual no parece preparado para sostener una línea de cinco y pasar un segundo tiempo sin patear al arco, como ocurrió en el partido tomado como referencia.
La intervención final admitió que River podría ponerse el overol en un partido puntual y encontrar la manera de incomodar al rival, pero advirtió que sostener ese registro requiere convencimiento, características individuales y una idea clara. El intercambio cerró con una disyuntiva: mantener la identidad futbolística o sumar más pragmatismo para competir contra los equipos brasileños en la Copa Libertadores.
