River en la Liga

La decisión que genera escándalo en River: se conoció cómo transitan los días los jugadores que están en Cantilo

La investigación del diario Olé expone la rutina de los siete futbolistas marginados por la dirigencia.

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(ARGENTINA).- El dato surge de un relevamiento que el diario Olé hizo en el predio Cantilo: Germán Pezzella, defensor campeón del mundo en Qatar, se cambia dentro de un container de chapa en medio de una obra en construcción. La imagen describe la rutina de los siete futbolistas de River que, por decisión técnica y dirigencial, entrenan apartados del plantel profesional. La postal convive con la tensión que dejó la derrota 1-0 frente a Gimnasia en La Plata apenas doce horas antes.

La jornada del 30 de julio empezó temprano en el complejo de avenida Cantilo. De un lado, los ruidos de grúas y taladros de la nueva Casa River, que ya luce en su tramo final. Del otro, los juveniles de las formativas que cruzaban el predio con los botines colgados del hombro. En ese mismo espacio, River dispuso que Maximiliano Salas, Fabricio Bustos, Matías Viña, Santiago Lencina, Ian Subiabre y Giuliano Galoppo usaran los contenedores naranjas de la planta baja como vestuarios provisorios.

Los jugadores arribaron al acceso alternativo de la calle Tambor de Tacuarí en una caravana de vehículos de alta gama, pero vestidos completamente de civil. La joggineta marcó el código de la mañana: buzos, pantalones deportivos y zapatillas. Algunos llevaban un mate en la mano mientras ingresaban a los módulos de chapa de seis metros de largo por tres de ancho. En los niveles superiores de esos mismos bloques, obreros tomaban mate y una guaracha sonaba a volumen casi imperceptible. La imagen resultaba tan inesperada como la convivencia forzada entre trabajadores de la construcción y futbolistas profesionales.

La práctica se desarrolló en la última cancha de césped natural del predio, pegada a la desembocadura del arroyo Medrano en el Río de la Plata. Con bastones, conos y pelotas, los siete apartados cumplieron una rutina futbolística que, puertas adentro de la cancha, no difirió demasiado de cualquier otro entrenamiento. La distancia la puso el entorno: el olor a agua estancada que el viento arrastraba desde el río y el ruido incesante de una obra que no se detiene.

Una espera sin definiciones

El trabajo a contramano del plantel profesional coincidió con horas de máxima tensión en River. La caída ante Gimnasia profundizó la crisis de un equipo que ya había dejado escapar el título del Apertura 2026 en la final contra Belgrano y que ahora espera los octavos de final de la Sudamericana. En ese clima, los siete futbolistas cumplen una rutina atípica mientras buscan resolver sus situaciones personales. Sobre el césped, la normalidad; afuera, la incertidumbre.

Terminado el entrenamiento, la escena volvió a repetirse. Los jugadores se cambiaron, recuperaron la ropa de civil y desandaron el camino hacia los autos. Casi todos repitieron un gesto automático: mirar el celular. Una, dos, varias veces. La definición sobre si continuarán en River o buscarán un nuevo destino no llegó ese día, y la espera sigue abierta.

Mientras tanto, el predio no detiene su transformación. Los obreros avanzan con la construcción y los sonidos de Cantilo se mezclan con una postal difícil de asimilar: futbolistas de River, algunos con títulos internacionales y recorrido europeo, entrenando entre juveniles y containers, a la espera de una llamada que ordene su futuro.

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