(ARGENTINA).- “Nos está faltando esa pelota filtrada, ese pase de gol que en River tenés que encontrar un pase distinto, una jugada distinta. Jugar en los últimos treinta metros es una constante. No está sucediendo”, diagnosticó Eduardo Coudet tras la derrota ante Gimnasia y Esgrima La Plata. La declaración del entrenador, lejos de pasar desapercibida, reavivó entre los hinchas el fastidio por la reciente salida de Juan Fernando Quintero, justamente el futbolista del plantel con mayor capacidad para ofrecer esa cuota de creatividad que hoy reclama el técnico.
La paradoja se explica en pocas líneas. Quintero rescindió su contrato hace semanas porque, según transmitió en su momento, no se sentía una prioridad para el Chacho. En la final del Apertura que River perdió con Belgrano de Córdoba, el colombiano disputó apenas cinco minutos, dato que confirma el escaso rol que el cuerpo técnico le había reservado en el semestre más exigente. Hoy, con la salida ya consumada, Eduardo Coudet señala la falta de ese pase filtrado que el propio Juanfer podía proveer.
El zurdo habló sin filtros sobre el vínculo futbolístico con su exentrenador. “Todo el mundo sabe que con el Chacho no tuve la mejor continuidad. En la final jugué cinco minutos. Todo está claro, acá no hay misterios; su forma en la que juega y sus conceptos futbolísticos. Como ya le dije una vez, siempre voy a respetar las decisiones que toma. De mi parte nunca va a haber una falta de respeto”, explicó en declaraciones al programa Equipo F de ESPN. Y añadió: “Todo queda expuesto en el campo. Seguramente no soy prioridad para él. Como persona tengo la mejor, lo respeto pero futbolísticamente pensamos diferente. Pero eso no es problema, hoy es el entrenador de River, tiene su mérito y su respeto. Yo nunca le falté el respeto a nadie, todos tenemos situaciones diferentes en los momentos de la vida y el fútbol”.
La urgencia de una reacción inmediata
La controversia táctica con la salida de Quintero se da en medio de un arranque de semestre lapidario para River. Más allá de haber cerrado el Apertura como subcampeón y de clasificar primero en el grupo de la Copa Sudamericana, el equipo hilvanó tres derrotas consecutivas en el inicio del segundo semestre: la eliminación en la Copa Argentina a manos de Aldosivi, la caída de local frente a Barracas Central y el último traspié en La Plata. Uno de los peores comienzos en décadas.
Las inversiones millonarias que hizo la dirigencia en el mercado de pases todavía no se plasmaron en el campo. Nicolás Otamendi llegó como refuerzo estrella para ordenar la defensa y el equipo sigue siendo endeble. Ángel Correa apenas acumula dos partidos desde su arribo, una muestra insuficiente para evaluar los casi 20 millones de dólares que costó su incorporación. Mauro Arambarri y Giovanni González dejaron malas impresiones en los pocos minutos que participaron, mientras que Rafael Santos Borré tampoco convenció en ataque.
La gestión global del plantel recibe cuestionamientos que apuntan directo a la cúpula. El director deportivo Pablo Longoria, responsable de llevar adelante las negociaciones, y el presidente Stéfano Di Carlo están en la mira de los fanáticos. Uno de los puntos más criticados es el manejo de la larga lista de jugadores que fueron apartados de la pretemporada: a casi dos meses de aquella decisión, solo dos (Paulo Díaz y Maximiliano Meza) consiguieron una salida del club.
El propio Coudet admitió en conferencia de prensa que el equipo no logra resolver los partidos en los últimos metros, una carencia que se volvió crónica y que ningún refuerzo logró disimular hasta ahora. La búsqueda de atacantes de mayor jerarquía sigue abierta, pero el margen de maniobra se achica con el correr de las fechas.
Eduardo Coudet afronta una presión que crece con cada resultado adverso. Muchos hinchas ya consideran que el ciclo debe terminarse y el margen de error se agotó. La recuperación tiene que ser inmediata porque el próximo domingo, en el Más Monumental, River recibe a Rosario Central por el Torneo Clausura, una competencia que comparte urgencia con los octavos de final de la Copa Sudamericana.
El partido ante el Canalla no es un trámite: una nueva frustración dejaría al entrenador al borde de la cuerda floja. La falta de ese “pase distinto” que el propio Eduardo Coudet identificó en conferencia no encuentra solución inmediata en el armado actual, y el tiempo para corregir contradicciones se volvió un lujo que el Millonario no puede darse.
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