(ARGENTINA).- “Hay un señor jugando con un celular para ver cómo se determinan las cosas”, dijo Stéfano Di Carlo, presidente de River, en una entrevista con ESPN, al cuestionar el funcionamiento del VAR este miércoles. El presidente de Estudiantes, Juan Sebastián Verón, planteó una sospecha similar y sostuvo que el sistema podría utilizarse para manipular partidos de Primera División.
“Nadie sabe dónde está el VAR, dicen que sirve para abaratar costos, me da que pensar que sirve para manipular el momento de un partido”, dijo Verón en Urbana Play en concordancia con Stéfano Di Carlo. El planteo de ambos presidentes se inscribe en una disputa más amplia: River y Estudiantes se unieron para manifestar su desacuerdo con la gestión de Claudio Tapia en distintos frentes. Ambos son críticos del arbitraje.
La cabina y el control de calidad
El VAR argentino se opera desde el predio Lionel Messi, en Ezeiza, y no desde los estadios. En la sala de operaciones de video trabajan un árbitro a cargo del VAR, su asistente y un operador que busca y muestra las tomas de la jugada revisada. En algunos partidos se suma un responsable de control de calidad, cuya tarea es auditar el trabajo de los jueces dentro de la cabina y no intervenir en sus decisiones.
La Dirección Nacional de Arbitraje no informa quién ocupa ese puesto ni en qué encuentros está presente. La Liga Profesional indicó, cuando implementó el VAR, que el responsable de control de calidad no participa de todos los partidos, sino de aquellos considerados de mayor trascendencia en cada fecha. Tampoco se difunden los nombres ni se anuncia su presencia antes de los encuentros. Esa falta de identificación da contexto a las sospechas de Stéfano Di Carlo y Verón, pero no demuestra que haya existido una intervención.
El 1-1 entre Riestra y Vélez en el Torneo Clausura quedó marcado por una decisión del VAR: en el cierre, anuló un gol que habría puesto el 2-1 para Vélez por una presunta falta en mitad de cancha. Después del encuentro, la Dirección Nacional de Arbitraje suspendió a Nazareno Arasa, árbitro principal, y a Diego Ceballos, responsable del VAR. El caso reavivó las preguntas sobre el funcionamiento de la sala y el papel de quienes trabajan allí.
“Si la jugada pide ser analizada, tienen que esperar, no tiene que salir la siguiente jugada rápido”, reclamó Nicolás Otamendi después del superclásico. En algunos partidos, las revisiones tras un gol demoran varios minutos la reanudación, incluso cuando no se advierte una falta previa; en otros, el juego vuelve de inmediato después de una acción polémica que podría perjudicar a un equipo. En un partido de River ante Belgrano, Silvio Trucco llamó a Pablo Dóvalo para revisar una posible posición adelantada de Montiel antes del gol de Tomás Galván, pero el árbitro mantuvo su decisión y convalidó el tanto.
“Cuando lo veo conveniente, hablo con los árbitros en el entretiempo. Soy el responsable. Si veo algo que no me gusta o están haciendo mal, y los puedo ayudar, los llamo. A veces me atienden y a veces no”, dijo Federico Beligoy en 2023, cuando era director nacional de Arbitraje. El protocolo del VAR elaborado por la IFAB y la FIFA prohíbe que personas ajenas a la sala intervengan en las decisiones, pero lo dicho por Beligoy no prueba que hubiera llamados externos durante un partido: no hay pruebas que los verifiquen ni una cámara que muestre la cabina durante los 90 minutos. Desde 2025 se difunden diálogos entre el árbitro y la cabina, aunque no hay un criterio fijo: se conocieron las conversaciones entre Silvio Trucco y Nicolás Ramírez del último superclásico, pero no las de Arasa y Ceballos en Riestra-Vélez. Las sospechas de Stéfano Di Carlo y Verón no equivalen a una manipulación comprobada.
