(ARGENTINA).- "Está ahí, en la espalda", reveló Miguel Almirón, figura de la selección de Paraguay y actual jugador del Atlanta United, sobre el escudo de River Plate que lleva tatuado en la piel. El atacante volvió a exteriorizar su fanatismo por el club de Núñez en una charla distendida, en la que repasó el origen de una pasión que lo acompaña desde la infancia y que mantiene viva a pesar de nunca haber vestido oficialmente la banda roja.
El zurdo contó que su devoción comenzó en el hogar familiar. La locura de Miguel Almirón por River tiene raíces en la rama argentina de su papá y quedó sellada a los 15 años, cuando decidió grabarse el emblema millonario en la espalda. A partir de ese gesto, el vínculo dejó de ser solo sentimental y se convirtió en una marca permanente que el paraguayo no dudó en mostrar cada vez que la conversación le dio la oportunidad.
El recorrido de Miguel Almirón en el fútbol argentino se limitó a su ciclo en Lanús, adonde llegó tras debutar en Cerro Porteño. Con el Granate enfrentó una única vez a River, justamente en 2015, en un empate 1-1 que tuvo un sabor especial para el volante. Su velocidad, la gambeta y la zurda elegante le abrieron poco después la puerta de la Premier League con el Newcastle United, donde tampoco dejó de seguir al equipo de sus amores desde la distancia.
Desde Inglaterra, y ahora en la MLS, el futbolista que jugó el Mundial con la Albirroja sostiene que cada vez que el huso horario se lo permite mira los encuentros millonarios junto a su familia. Miguel Almirón lo explicó sin vueltas: "Siempre que puedo y que el horario me deja veo los partidos con mi familia. Pasada la madrugada tengo que entrenar y no puedo verlos, pero el superclásico lo observé. Fue un lindo partido".
La confesión reavivó una ilusión que sobrevuela Núñez desde hace años. Aunque nunca se concretó una negociación formal para incorporarlo, el talento del zurdo y su sentimiento declarado hicieron que cada libro de pases aparezca su nombre entre los anhelos del hincha. Hoy, a los 32 años, Almirón sigue rindiendo en Atlanta United y acumula elogios por sus actuaciones en la selección paraguaya.
La historia deja en claro que el escudo tatuado no fue un capricho de adolescente. El propio atacante se encargó de ratificar que la pasión sigue intacta, más allá de los países, los contratos y los años. Sin vueltas olímpicas ni goles en el Monumental, el vínculo de Almirón con River se sostiene sobre un sentimiento genuino que él mismo eligió llevar literalmente en la piel.
Mientras el mercado de pases mantiene ocupada a la dirigencia que encabeza Stefano Di Carlo, el hincha toma las declaraciones del paraguayo como un guiño que alimenta la fantasía. La puerta nunca se cerró del todo y, al menos en el plano afectivo, Miguel Almirón ya juega hace tiempo con la camiseta que tatúa su recuerdo.
