(ARGENTINA).- Los laterales de River marcaron cuatro goles en el semestre, uno más que los centrodelanteros, que sumaron tres. El contraste se da en un contexto de sequía de los delanteros principales y deja a los defensores de banda por encima de los atacantes de referencia en la cuenta.
Gonzalo Montiel convirtió tres veces: ante Arg. Jrs. (2-0), Independiente Rivadavia (3-1) y Sarmiento (1-1). Marcos Acuña completó el aporte de los laterales con un gol frente a Estudiantes de Río Cuarto, en el triunfo 1-0. Los goles de Montiel llegaron en dos victorias y un empate; el de Acuña, en otro partido ganado. La cuenta comprende cuatro encuentros distintos y muestra que Montiel concentró la mayor parte de esa producción.
Sebastián Driussi anotó contra Santa Fe y Banfield, mientras Rafael Santos Borré convirtió frente a Aldosivi. Driussi sumó dos tantos y Borré uno, sin que otro centrodelantero apareciera en el recuento del semestre. El gol ante Santa Fe llegó en el empate 1-1 de la Sudamericana; Driussi también marcó en la victoria de River sobre Banfield, mientras que Borré anotó por la Copa Argentina ante Aldosivi. Así se completa el detalle de los tres goles de esa posición.
La sequía de los delanteros
El último gol de un centrodelantero de River hasta ese momento fue el que Driussi convirtió ante Banfield, semanas antes del empate 1-1 con Sarmiento de Junín. Después de esa igualdad, la racha sin marcar de los tres delanteros principales llegó a cinco partidos consecutivos. El dato ubica el último festejo de un nueve antes de una seguidilla que alcanzó a todo el trío.
En el torneo local, Driussi era el único de los tres delanteros principales que había convertido. Desde su regreso de Fiorentina, Lucas Beltrán acumulaba 539 minutos en cancha sin marcar, mientras Borré sumaba 330 minutos sin gol en el campeonato local. Driussi, por su parte, había anotado un tanto en 395 minutos. Las cifras muestran recorridos distintos, pero una dificultad compartida para sostener la producción goleadora.
El volumen ofensivo de River convivía con una eficacia baja. El equipo lideraba el Clausura en posesión, con 64%, pero fallaba aproximadamente el 68% de sus situaciones claras de gol; a la vez, estaba entre los conjuntos que más juego y ocasiones generaban en el fútbol argentino. La falta de gol se había convertido en la principal urgencia del ciclo de Leonardo Ponzio, pese a los nombres de jerarquía internacional que reunía el ataque. La posesión y la generación de oportunidades no se traducían con la misma frecuencia en goles.
El triunfo 1-0 frente a Estudiantes de Río Cuarto dejó una muestra concreta: River remató 23 veces al arco y convirtió una sola vez. Ante Sarmiento, Driussi estrelló un remate en el travesaño al comienzo del partido. La diferencia entre las llegadas y los goles quedó expuesta tanto en ese volumen de remates como en una ocasión puntual del delantero.
El reparto de los tantos recientes también incluyó a futbolistas de otras posiciones: Ángel Correa y Tomás Galván sumaban tres cada uno, Thiago Almada dos y Tobías Andrada uno. Correa figuraba como mediapunta o delantero; Galván y Andrada, como mediocampistas; Almada, como mediocampista ofensivo. En octubre de 2026, Driussi lideraba el registro anual de River con nueve goles en 25 partidos, mientras Montiel era segundo con siete en 31. Ningún jugador superaba los diez tantos en el año.
River acumulaba 31 partidos oficiales sin dar vuelta un resultado después de empezar perdiendo. La falta de contundencia impedía plasmar la superioridad en el marcador, dejaba los encuentros cuesta arriba y facilitaba que los rivales se cerraran. Esa dificultad complicaba la clasificación a la fase de eliminación directa del Clausura y ponía en riesgo el acceso a la Copa Libertadores por la Tabla Anual. Para jugar la Libertadores 2027, el equipo debía ganar el Clausura o terminar entre los tres primeros de la tabla anual.
