(ARGENTINA).- “Eduardo Coudet fue silbado por los hinchas en las tribunas cuando la voz del estadio dio a conocer las formaciones. También fue reprobado con énfasis Facundo Colidio”. La descarga de Germán Balcarce retrató el clima hostil que envolvió al Monumental en la previa del partido que River iba a disputar con Rosario Central, por la tercera fecha del Torneo Clausura 2026. El malestar de la gente estalló antes del pitazo inicial y dejó en evidencia la fractura entre el equipo y su público.
El enojo de los simpatizantes no era antojadizo. River arrastraba un arranque de semestre para el olvido, marcado por la eliminación en la Copa Argentina a manos de Aldosivi y por las derrotas consecutivas frente a Barracas Central y Gimnasia. Tres caídas en tres presentaciones oficiales desde el reinicio de la competencia, un saldo que vació la paciencia de las tribunas.
No todo fue reprobación. A la hora de los aplausos, la hinchada distinguió a varios futbolistas. Nicolás Otamendi, Freitas, Gonzalo “Cachete” Montiel y el arquero juvenil Santi Beltrán se llevaron el respaldo cerrado de un estadio que buscó diferenciar entre los rendimientos individuales y la performance colectiva.
En la vereda opuesta, los silbidos encontraron destinatarios precisos. Facundo Colidio y Gio González fueron los más resistidos por un público que castigó con dureza su nivel. Cada nombre leído por la voz del estadio operó como un termómetro instantáneo del humor popular.
Pero el momento de mayor tensión se vivió cuando los altoparlantes pronunciaron el nombre de Eduardo Coudet. El director técnico recibió una reprobación marcada, con silbidos que bajaron desde todos los sectores del Monumental y que tradujeron el desgaste fulminante de un ciclo que apenas tres partidos después del receso mundialista ya quedó en la cuerda floja.
El partido que River afrontaba a continuación era una prueba de fuego. Rosario Central llegaba al Monumental para medir a un equipo urgido de puntos y de una imagen que empezara a reconciliarlo con su gente. La tercera fecha del Clausura 2026 encontraba al conjunto de Núñez en una encrucijada: ganar para empezar a torcer el rumbo o profundizar un presente que las tribunas ya habían dejado de tolerar.
River necesitaba cortar la racha negativa de manera urgente. El veredicto de las tribunas había sido inequívoco y el partido contra Central representaba la primera oportunidad concreta para que el equipo empezara a saldar la deuda de juego y resultados que había encendido todas las alarmas.
