(ARGENTINA).- “Hay una negociación en curso”. La frase de Guido Pizarro, entrenador de Tigres, confirmó lo que en el Monumental esperaban con ansiedad: River va en serio por Ángel Correa. Fernando Gorriarán, volante del equipo mexicano, reveló que el argentino tomó la decisión de salir, pero los 5 millones de dólares que separan la oferta de la cláusula de rescisión mantienen la operación en un punto muerto.
Pizarro no citó a Ángel Correa para el arranque del Apertura de la Liga MX. Lo cierto es que los Felinos exigen los 18 millones de dólares que figuran en su contrato, mientras que la dirigencia de Núñez, con Pablo Longoria a la cabeza, puso sobre la mesa 13 millones. El argumento del Millonario es que en un año el valor de salida de Ángel Correa bajará automáticamente a 10 millones.
En Núñez la urgencia por reforzar el ataque con un nombre de jerarquía no es capricho. Tras la durísima eliminación en Copa Argentina a manos de Aldosivi (3-1 en Salta), River necesita dar un golpe anímico de cara al debut en el Torneo Apertura frente a Barracas Central el próximo sábado en el Monumental. Si bien ya cerró las llegadas de Nicolás Otamendi, Mauro Arambarri, Rafael Santos Borré, Lucas Beltrán y Giovanni González, la incorporación de Correa es vista como el broche de lujo para un mercado de pases ambicioso.
La pulseada por el precio
El principal escollo es la abultada diferencia en las cifras. Tigres se mantiene firme en los 18 millones de dólares que fija la cláusula de rescisión. Del otro lado, la oferta de River no superó todavía los 13 millones. La directiva del club de Núñez intenta hacer valer el contexto contractual: en menos de un año, el pase de Correa se devaluará, por lo que consideran contraproducente pagar el valor completo ahora.
Mientras las reuniones entre las dirigencias continúan, el reloj corre. El mercado de pases en México está abierto y la postura de Correa es irreversible. Gorriarán aseguró que su compañero ya comunicó internamente el deseo de no continuar vistiendo la camiseta universitaria.
A pesar del optimismo que reina en el Monumental por la reestructuración del plantel, la necesidad de un revulsivo ofensivo es evidente. El equipo fue subcampeón del Apertura y líder en su grupo de la Copa Sudamericana, pero la caída en Salta encendió las alarmas. Sumar a un futbolista de la jerarquía de Ángel Correa en el último tercio del campo le daría un salto de calidad inmediato al ataque millonario.
Por lo pronto, las charlas no se cortaron. En Núñez confían en que la presión del jugador sobre Tigres para facilitar su salida termine destrabando la operación. Lo concreto es que, para verlo con la banda roja, River deberá acercar sus números o aguardar a que los Felinos bajen las pretensiones. El tiempo, con el Apertura y los octavos de la Sudamericana en el horizonte inmediato, juega en contra.
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