(ARGENTINA).- Beto Alonso volvió a demostrar que el lazo con Ángel Labruna no se apaga con el paso del tiempo. El ídolo de River Plate compartió en su cuenta de Instagram una fotografía de época junto al máximo goleador de la historia del club, en el marco de un nuevo aniversario del fallecimiento del ex director técnico, que cumple 43 años.
La repercusión fue inmediata. Usuarios y cronistas partidarios replicaron el homenaje y el posteo se convirtió en un fenómeno viral que desató una oleada de recuerdos compartidos. La imagen sintetiza el encuentro de dos gigantes que moldearon la identidad ganadora y competitiva de la institución de Núñez.
De una chicana a un segundo padre
Cuenta el folclore popular que la relación entre ambos arrancó sin ceremonia. En 1972, dirigiendo a otro equipo, Labruna le gritó a Alonso desde el banco de suplentes: “¡Dale flaquito, corré! Y transpirá esa camiseta que yo usé durante 20 años”. Aquella chicana inicial no hizo más que cimentar una admiración mutua que el destino terminó de consolidar bajo los mismos colores.
En 1975, Labruna regresó a River con el buzo de director técnico y una promesa inquebrantable: “Vuelvo para sacarlo campeón”. El club arrastraba una sequía de 18 años sin títulos, y para romperla necesitaba un socio dentro de la cancha. Lo encontró en Beto Alonso, su heredero perfecto: juntos conquistaron seis campeonatos locales en un ciclo que devolvió al club a la supremacía que le correspondía por historia.
El vínculo profesional mutó en un lazo afectivo profundo. El propio Alonso confesó en reiteradas ocasiones que Labruna fue su “segundo padre” y su máximo referente futbolístico. Por eso, cada homenaje suyo tiene un peso que excede lo digital: es el testimonio de quien compartió la era más gloriosa de aquellos años setenta.
Labruna murió el 19 de septiembre de 1983, a los 64 años, tras una complicación quirúrgica. Aquella tarde falleció en los brazos de otra leyenda de la institución, Ubaldo Matildo Fillol. Desde entonces, Alonso asumió el compromiso de mantener viva la memoria de su mentor en cada aniversario, con gestos como el de esta publicación. Además, el lazo entre las familias quedó sellado con un objeto cargado de mística: durante el partido despedida de Beto Alonso en el estadio Monumental, en 1987, Anita, la viuda de Labruna, le obsequió un anillo de oro que había pertenecido al goleador. Alonso mandó a grabar la joya con las iniciales de ambos (L y A) unidas por la palabra “River”, y la luce con orgullo hasta el día de hoy.
Los números reafirman el estatus de mito de Labruna: es el máximo goleador histórico del club con 317 goles oficiales y el más ganador de la institución sumando sus etapas de jugador y entrenador, con 22 títulos. Alonso, por su parte, ocupa un lugar propio en el olimpo riverplatense como el hombre de la pelota naranja, campeón de América y del Mundo.
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