(ARGENTINA).- Los partidos dirigidos por Leonardo Ponzio marcaron el mejor tramo de Ángel Correa desde su llegada a River: el delantero encontró un contexto que le permitió jugar con más libertad, atacar cerca del área y asumir el desequilibrio. Ángel Correa respondió con producción concreta y se convirtió en una de las piezas que explican la recuperación del equipo. El rosarino se mostró más cómodo con la forma de jugar propuesta en esos encuentros y pasó a ser señalado como el Ángel de River.
Ángel Correa acumula tres goles, una asistencia y dos penales generados en el Clausura. Esos números fueron construidos en 523 minutos, repartidos en siete partidos, y reflejan su participación directa en los avances ofensivos de River. La asistencia llegó ante Banfield, con una vaselina para Driussi, mientras que los penales fueron provocados por acciones individuales ante Leonardo Costa y Gabriel Florentín.
La posición que ocupó Correa ayudó a explicar esa mejora. El delantero no necesitó asumir la conducción total del juego, sino que pudo recibir con metros, acelerar y acercarse al área para aprovechar su gambeta y su capacidad de definición. En los encuentros de Leonardo Ponzio, esa libertad coincidió con una versión más decidida del atacante, que encontró espacios para intervenir sin quedar alejado de la zona donde más puede lastimar.
Los números detrás del cambio
El promedio ofensivo de Correa también muestra la diferencia de su aporte. El jugador convirtió un gol cada 174 minutos y registró 2,7 tiros al arco por partido, de los cuales 1,3 fueron a la meta. A esa eficacia se sumó su capacidad para generar infracciones dentro del área, una consecuencia de su velocidad y de la agilidad con la que resuelve los duelos individuales.
La llegada de Thiago Almada había ubicado al mediocampista como el refuerzo estrella del mercado de River. Almada fue la compra más cara de la historia del fútbol argentino y llegó como reciente subcampeón del mundo con la Selección. Sin embargo, el rendimiento de Correa durante los partidos de Leonardo Ponzio cambió el centro de la escena y convirtió al delantero en una referencia ofensiva por sus propios méritos.
La historia futbolística de Correa ayuda a entender por qué ese esquema de juego lo favorece. Fernando Kuyumchoglu, el formador que lo hizo explotar en San Lorenzo, describió su recurso principal como magia y lo vinculó con el apodo de Aladino. Esa capacidad para improvisar, gambetear y acelerar también aparece en River, donde el rosarino de 31 años y campeón del mundo en Qatar 2022 asumió un papel decisivo.
El próximo partido de River será ante Argentinos Juniors en el Mas Monumental, la oportunidad inmediata para observar si Correa sostiene el nivel que alcanzó durante los encuentros de Leonardo Ponzio y mantiene su lugar como una de las principales armas del equipo.
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