(ARGENTINA).- “Getafe es uno de los clubes interesados por Matías Viña.” La revelación del periodista Maximiliano Grillo le puso nombres y apellidos a las negociaciones que se mueven a contrarreloj mientras los siete futbolistas apartados por el club entrenan al margen del plantel profesional en el predio de Cantilo. La postal de jugadores de primer nivel mundial cambiándose en containers de chapa en medio de una obra en construcción resume el presente incómodo de los borrados de River, un grupo que ahora busca en el mercado de pases la llave para salir de una espera que ya es insostenible.
Grillo detalló uno por uno el estado de situación de los futbolistas que todavía permanecen en el club pero ya no son tenidos en cuenta. Además del interés del Getafe por el lateral uruguayo Matías Viña, el periodista confirmó que Fabricio Bustos tiene propuestas concretas desde México y que Germán Pezzella, el campeón del mundo surgido de la cantera, tiene la firme intención de volver a jugar en el exterior. Los tres comparten la rutina de entrenamientos a contramano en el nuevo complejo deportivo y educativo de River, donde los jugadores conviven a diario con el ruido de las grúas y el olor del arroyo Medrano.
La danza de posibles transferencias también incluye a los volantes. Giuliano Galoppo y Galarza recibieron sondeos desde Europa y en ambos casos la operación se encaminaría en formato de venta, un escenario que le permitiría a la dirigencia recuperar parte de la inversión y liberar masa salarial. Por su parte, el colombiano Castaño sigue en conversaciones con Mineiro para una cesión a préstamo, una alternativa que le daría rodaje en Brasil mientras define si entra en los planes del cuerpo técnico millonario para el próximo semestre.
El mercado como salvavidas
En el radar también aparece el ecuatoriano Páez, quien registra sondeos desde Bélgica y podría sumarse a la lista de ventas al fútbol europeo. A contramano de ese movimiento, los juveniles Santiago Lencina e Ian Subiabre forman parte activa de los entrenamientos en el predio de Cantilo pero su futuro inmediato aún no está definido con ofertas formales sobre la mesa.
La escena de los futbolistas bajando de vehículos de alta gama con mate en mano para cambiarse en módulos de seis metros por tres describe el contraste de un proceso de depuración que no da marcha atrás. Mientras el predio avanza hacia su inauguración como la nueva Casa River, los apartados siguen atentos al celular, a la espera de una llamada o un mensaje que active la salida definitiva y les permita volver a competir de manera oficial. La rutina en los containers de Cantilo, entre el polvo de la construcción y los juveniles que recién empiezan, marca el compás de espera de un grupo que ya tiene la cabeza puesta en otro destino.
