(ARGENTINA).- “River no te da margen ni tiempo. Hay que ganar”, dijo Eduardo Coudet minutos después de la tercera caída al hilo de su equipo. La frase, tan directa como el presente de River, llegó envuelta en una estadística que pone en números una crisis profunda: en los últimos 10 meses, desde la eliminación contra Palmeiras en los cuartos de final de la Copa Libertadores 2025, el club de Núñez ganó y perdió la misma cantidad de partidos. Fueron 43 encuentros oficiales, con 18 triunfos, 18 derrotas y 7 empates, una simetría tan llamativa como el declive futbolístico que eyectó a Marcelo Gallardo y tiene a Coudet contra las cuerdas.
La última derrota, 1 a 0 ante Gimnasia y Esgrima La Plata en el estadio Juan Carmelo Zerillo, fue la cuarta en los últimos cinco partidos y dejó al equipo último en la Zona B del Clausura, fuera de los puestos de clasificación a la próxima Copa Libertadores. Coudet, que volvió a estar al pie del campo de juego tras cumplir una fecha de suspensión, sabía que su margen de error se había extinguido. Su contrato tiene vigencia hasta diciembre de 2027, pero incluye una cláusula de rescisión a fin de 2026 sin costo para ninguna de las partes, un detalle que la dirigencia ya guarda en el cajón de las urgencias.
Las 43 presentaciones posteriores al cruce con Palmeiras incluyen 49 goles a favor y 43 en contra, y los siete empates esconden una victoria y una derrota en definiciones por penales. El desglose expone un ciclo sin recuperación, que consumió a Gallardo y ahora devora a su sucesor. El “Muñeco” se fue por malos resultados y su reemplazante recorre un camino casi idéntico: después de arrancar con seis triunfos en sus primeros siete partidos desde que asumió el 4 de marzo de 2026, el “Chacho” entró en un tobogán que acumula una final perdida con Belgrano, una eliminación temprana con Aldosivi en la Copa Argentina y un traspié histórico ante Barracas Central, además de dos caídas frente a Boca en el período, una de ellas ya bajo su mando.
En la conferencia posterior al partido en La Plata, Coudet admitió la profundidad de la crisis sin eufemismos. “Es de las veces que más me ha costado hacer jugar a un equipo como quiero que juegue. Estamos terminando de armar el plantel. Necesitamos tres o cuatro jugadores más en posiciones donde tenemos muchos juveniles”, sostuvo. También dejó entrever su falta de poder en las decisiones de fondo sobre el grupo. Cuando le preguntaron por los futbolistas separados del plantel que se entrenan en el predio Cantilo, respondió: “Fue una decisión del club”. Y agregó: “Yo ya opiné del tema. No soy el indicado para hablar sobre los marginados”.
La inconsistencia se volvió inédita en una gestión que desde 2014 había gozado de una estabilidad casi de laboratorio. Con apenas cuatro ciclos de entrenadores en 12 años, contados desde el debut oficial de Gallardo el 27 de julio de 2014, River se expone ahora a perder un técnico por segunda vez en un mismo año, algo que no ocurre desde 2010, cuando Leonardo Astrada, Ángel Cappa y Juan José López ocuparon el banco en una misma temporada. Aquel desfile de nombres se asoma como un fantasma incómodo en el vestuario del Monumental.
La racha negativa también dejó secuelas en la relación con los hinchas. Coudet ya siente el filo de los silbidos y no tiene crédito en las tribunas. La eliminación ante Palmeiras en septiembre pasado, con un 1-2 en el Más Monumental que dejó a River fuera de las semifinales, fue el punto de quiebre que aquella noche Gallardo todavía intentó maquillar con optimismo: “Estamos vivos”, dijo entonces, y acotó que se quedaba “con la expectativa del final” porque un gol de diferencia los dejaba “con vida”. Nacho Fernández fue más autocrítico tras ese partido: “Sabiamos que iba a ser muy difícil, regalamos un tiempo. En el primero nos superaron, hay que reconocerlo. En el segundo mostró otra imagen, fue un tiempo para cada uno y lamentablemente no lo pudimos empatar. La serie quedó abierta”.
Un plantel que no responde
Mientras la secretaría técnica acelera gestiones por un mediocampista de 19 años, Tobías Andrada, de Vélez Sarsfield, los refuerzos se demoran en un mercado donde el club necesita soluciones inmediatas. La inconsistencia en la conformación del plantel quedó reflejada en La Plata, donde River apenas provocó tres atajadas del arquero rival, Nelson Insfrán, en 90 minutos de un partido en el que puso como titulares a cuatro de las seis incorporaciones del ciclo. Los números no disimulan el mal funcionamiento: 49 goles en 43 partidos es un promedio demasiado bajo para un equipo que aspira a protagonizar en todos los frentes.
El propio Coudet lo resumió al borde del micrófono: “Hay que ganar”. La frase, casi un ruego, no admite interpretaciones. En el Monumental, el domingo ante Rosario Central, ya no habrá excusas para un equipo que hace 10 meses reparte victorias y derrotas con una paridad que en Núñez se lee como un fracaso.
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