(ARGENTINA).- “Me hubiera gustado terminar mi carrera de una forma distinta en River. Ser ovacionado, quizás con un último partido en el club. De otra manera”, confesó Javier Saviola en una entrevista con el youtuber Ezzequiel. El exdelantero, referente del club, reveló así la espina que le quedó clavada tras su segundo paso por Núñez.
Javier Saviola, conocido popularmente como El Conejito, llegó a River desde la Sociedad de Fomento Parque Chas a los 16 años y debutó en la Primera en 1998, con gol ante Gimnasia y Esgrima de Jujuy. En aquel Torneo Apertura se convirtió en el jugador más joven en anotar en su estreno con la banda roja.
Su irrupción fue meteórica. En el Apertura 1999 se consagró campeón y máximo goleador con 15 tantos, un premio que levantó con 18 años y 1 día —el segundo más joven en lograrlo, solo ocho días por detrás de Maradona—. Esa primera etapa en el Millonario cerró con 58 goles en 120 partidos oficiales y los títulos del Apertura 1999 y el Clausura 2000.
Tras catorce años fuera, Marcelo Gallardo dio el visto bueno para que el Conejo volviera a casa. El regreso en 2015 tuvo sabor a revancha: Javier Saviola integró el plantel que ganó la Copa Libertadores y la Suruga Bank, dos estrellas de peso en la vitrina riverplatense.
Sin embargo, la segunda etapa no tuvo el brillo soñado. El delantero atravesó un semestre de bajo rendimiento, no logró asentarse como titular y se despidió sin convertir goles en los 17 encuentros que disputó. Fue un final opaco, sin ovación ni partido de despedida.
Esa salida silenciosa contrasta de lleno con la confesión actual. El exfutbolista, que también brilló en la Selección Argentina —campeón del Mundial Sub‑20 en 2001, medalla de oro en Atenas 2004 y subcampeón de la Copa América 2004—, todavía lamenta no haber tenido un cierre a la altura de su historia.
Hoy, Javier Saviola se desempeña como segundo entrenador del Barcelona Juvenil ‘A’ y es Presidente Honorario de las Escuelas River, un vínculo que mantiene vivo su lazo con el club, aunque la cuenta pendiente de aquel último aplauso en el Más Monumental siga sin saldarse.
