(ARGENTINA).- “Cuando quieran, no está cerrado. Al contrario…”. La frase de Ramón Díaz retumbó con fuerza en Núñez apenas un par de semanas antes del estallido, y hoy se convirtió en un grito de guerra en las redes sociales. Con Eduardo Coudet contra las cuerdas tras la derrota 1 a 0 ante Gimnasia en La Plata —la cuarta caída consecutiva de River por torneo local—, los hinchas piden a gritos el regreso del ídolo riojano. Si el Millonario no le gana el domingo a Rosario Central en el Más Monumental, es muy difícil que el Chacho continúe en el cargo.
La derrota en el Bosque, con un cabezazo de Steimbach tras un centro de Zalazar, expuso otra actuación sin ideas y profundizó una crisis que ya acumula cuatro caídas en fila: Belgrano en la final del Torneo Apertura, Aldosivi por Copa Argentina, Barracas Central en el debut y ahora el Lobo por la segunda fecha del Torneo Clausura 2026. El equipo no genera peligro, apenas patea al arco y el funcionamiento colectivo no aparece, en un presente que dejó al entrenador sin margen de error.
En ese contexto caliente, las definiciones que Ramón Díaz había entregado el pasado 13 de julio volvieron al centro de la escena. Lejos de esconderse, el Pelado blanqueó su deseo de sumar una última estrella antes de colgar el buzo de DT. “Quiero agarrar un club que tengo que salir campeón sí o sí. Y ahí me retiro. Ya le dije a Emiliano, ‘Vamos a ir a un equipo que me dé la posibilidad de salir campeón y retirarme’”, había manifestado, y puso al Más Grande en la cima de su lista. Al enumerar los destinos posibles para su regreso, Ramón Díaz dijo: “Puede ser River, puede ser Al-Hilal, puede ser, no sé, México, una cosa que me quedó como entrenador…”.
La interna del vestuario le agrega nafta al incendio. Juan Fernando Quintero rescindió su contrato de mutuo acuerdo el viernes previo al 29 de julio y dejó una definición que caló hondo. “Seguramente no soy prioridad para él. Como persona, tengo la mejor. Lo respeto. Futbolísticamente, pensamos realmente diferente”, disparó el colombiano, después de haber jugado apenas 5 minutos en la final contra Belgrano. El volante, que se fue con el pase en su poder tras 137 partidos, 24 goles y 22 asistencias a lo largo de tres etapas en el club, expuso el cortocircuito con Coudet.
La fractura es más profunda: los referentes del plantel llevaron su malestar a la dirigencia y pidieron la reincorporación de Germán Pezzella y Fabricio Bustos, dos de los catorce futbolistas apartados por decisión conjunta del técnico y los directivos. La respuesta del club fue tajante: no vuelven. La negativa dejó al descubierto una tensión que ya no se disimula y que pone en jaque la autoridad del entrenador.
La noche del 28 de julio, un día antes de la caída en el Bosque, Quintero publicó en sus historias de Instagram una foto abrazado a Marcelo Gallardo en un barco, en plena licencia en Miami, sin texto y solo con un emoji de corazón. La imagen potenció la grieta entre los hinchas: una parte cuestiona a Coudet por el destrato futbolístico hacia el jugador más distinto del plantel; la otra le recrimina a Quintero la forma de irse.
Consultado por la situación de los marginados tras la derrota, Coudet volvió a desligarse: “Ya opiné del tema y no es un tema que quiera retomar. No soy yo el indicado. Eso simplemente te puedo decir”, respondió, y recordó que aquella medida “fue una decisión del club, institucional”. Sobre el rendimiento colectivo, el entrenador admitió que el momento es muy difícil y que tienen que mejorar mucho los niveles, y señaló que no están logrando desequilibrar ni lastimar en proporción a lo que tienen la pelota. “No estamos derechos y no ligamos nada. Hay que trabajar”, resumió.
Mientras la crisis deportiva se profundiza, la dirigencia ya invirtió US$ 31.210.000 en siete refuerzos —Nicolás Otamendi, Mauro Arambarri, Giovanni González, Rafael Santos Borré, Lucas Beltrán, Ángel Correa y Tobías Andrada— pero el técnico volvió a pedir más y avisó que “River va a traer más jugadores. Necesitamos 3 ó 4 refuerzos más porque tenemos muchos juveniles”. Para colmo, Marcos Acuña y Ángel Correa salieron con molestias físicas ante Gimnasia y encendieron otra alarma de cara al partido del domingo.
Un domingo de definición
River recibe este domingo a Rosario Central desde las 19:15 por la tercera fecha del Clausura, en un partido que se presenta como un punto de inflexión para el ciclo de Eduardo Coudet. El propio entrenador ya lo había anticipado: “Sé que River no te da tiempo, hay que ganar y mucho”. La advertencia que sobrevuela Núñez es concreta: si no gana, es probable que tenga que dejar el cargo.
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