(ARGENTINA).- «Fue el mejor primer tiempo de mi vida, porque jugué como jugaba en mi barrio. Tiré 3 o 4 caños que fueron impresionantes, espectaculares. Si hubiese hecho un gol en ese partido, creo que hubiese sido el mejor partido de mi vida», revivió Ariel Ortega en el programa Libero vs., a horas de un nuevo cruce mundialista entre la Selección Argentina e Inglaterra. Aquella noche de 1998 en Saint-Étienne, el Burrito representó como nadie la esencia del potrero argentino en una Copa del Mundo, una actuación que la propia FIFA volvió a destacar en la previa del choque de mañana.
Ortega recordó en ese ciclo televisivo cada detalle de ese duelo de octavos de final que terminó con triunfo argentino por penales tras el empate 2-2 en los 120 minutos. Su relato combinó la nostalgia futbolera con la picardía que siempre lo caracterizó dentro y fuera de la cancha.
El jujeño nacido en Ledesma fue el eje del ataque argentino aquel 30 de junio. Desde su posición de enganche, se movió con libertad detrás de los delanteros y complicó a una defensa inglesa que contaba con figuras como David Beckham, Paul Scholes y Gary Neville. La FIFA describió su estilo como «el potrero más argentino», una definición que el propio Ariel Ortega refrendó con sus anécdotas.
La participación del Burrito fue clave en la apertura del marcador. Él inició la acción que derivó en el penal que David Seaman le cometió a Diego Simeone, que luego Gabriel Batistuta cambió por gol. Argentina también se puso en ventaja con un tanto de Javier Zanetti, mientras que Alan Shearer y Michael Owen anotaron para los ingleses.
Ortega no solo desequilibró con gambetas y amagues. También se animó a los lujos en un escenario de máxima presión. «A Paul Scholes le metí 3 caños, así como en un potrero», contó entre risas el ex River, dueño de una noche en la que el fútbol callejero se coló en el máximo torneo de selecciones.
La anécdota más insólita tuvo como protagonista a Beckham. «Cuando llegamos a la cancha y lo vimos a David Beckham… una pinta tenía. No podía ser tan pintudo ese vago. Estaba con Nelson Vivas y le dije 'vos viste la facha que tiene este' y él me dice 'si, está para darle un beso'», relató Ariel Ortega. Y remató con humor: «Ahí dije 'no, no, con estos no podemos perder, son muy lindos para jugar al fútbol'».
Más allá de las bromas, el propio Ortega admitió cierta autocrítica por no haber coronado su actuación con un gol. «Quería jugar al fútbol, quería divertirme y bueno… poder hacer eso, más contra Inglaterra en un mundial, fue mágico», sintetizó.
Para la FIFA, aquella actuación quedó como una muestra del estilo argentino más puro: un jugador que enfrentaba los partidos con imaginación, desparpajo y la libertad propia del fútbol nacido en los potreros. El reconocimiento internacional volvió a poner en valor la figura de uno de los máximos ídolos deportivos de Jujuy, justo cuando la Selección se prepara para escribir un nuevo capítulo frente al mismo rival.
A 28 años de aquel partido, el legado del Burrito sigue intacto en la memoria de los hinchas argentinos. Su desparpajo y su fútbol de potrero marcaron una de las noches más recordadas de los mundiales, en la previa de un nuevo capítulo contra el mismo adversario.
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