(ARGENTINA).- “Pregúntale a Paredes si cuando vino fue vestido como quiso o se tuvo que poner la ropa adecuada. O a Martínez Quarta si cuando vino pudo pasar o simplemente se fue”. Con esa frase, Valentín Torlasco, dueño del boliche Caramelo, confirmó que Lucas Martínez Quarta quedó afuera de su local por la vestimenta que llevaba esa noche. La anécdota, revelada en una entrevista en redes sociales, causó un revuelo enorme en las últimas horas.
Torlasco usó el caso del defensor para ejemplificar el estricto derecho de admisión de su establecimiento. Según lo que dio a entender el empresario, el central de River Plate no cumplía con el código de vestimenta requerido esa noche y, a diferencia de otras celebridades que aceptan cambiarse o adaptarse, optó por retirarse del lugar directamente.
En la misma frase, el dueño del boliche puso a Paredes como contraejemplo del futbolista que sí se ajustó a las reglas del lugar antes de entrar. La defensa de las reglas de etiqueta de su local incluyó una mención directa a dos figuras del fútbol argentino, y ese cruce fue lo que disparó la viralización del clip en las comunidades futboleras.
El filtro de la puerta
Caramelo es uno de los boliches y salones de eventos premium más populares de la Costanera Norte de Buenos Aires. Conocido por su ambiente principalmente juvenil, el lugar funciona como espacio exclusivo para fiestas privadas y como discoteca los fines de semana.
Su código de vestimenta se define como casual pero con onda, un estilo urbano premium que busca prolijidad sin llegar a la exigencia de saco o ropa estrictamente formal que piden otros clubes de la zona. Las zapatillas están totalmente permitidas siempre que estén limpias e integren un look urbano cuidado: los modelos clásicos o de estilo lifestyle funcionan sin problemas en la puerta.
En cuanto al resto del outfit, el local acepta jeans clásicos sin roturas extremas, pantalones cargo prolijos, chinos y joggings premium orientados al streetwear. Arriba, pasan remeras urbanas de marcas reconocidas, camisas abiertas sobre remeras básicas y buzos con diseño moderno, y los outfits totalmente negros son una apuesta frecuente entre los asistentes. Hasta las gorras urbanas están permitidas si complementan estéticamente el look.
El derecho de admisión del local ya había generado debates en redes sociales antes de este episodio, debido a exigencias muy específicas en la puerta y en los filtros de sus listas. El rebote del defensor de River sumó un capítulo nuevo a esa reputación de puerta difícil, y desde el propio boliche recomiendan a los clientes llegar con el vestuario lo más impecable posible para evitar inconvenientes.
La anécdota estalló en un momento futbolístico particular para Lucas Martínez Quarta, que venía siendo foco de duras críticas de los hinchas por rendimientos irregulares, incluida la reciente eliminación del equipo ante Independiente Santa Fe.
Las reacciones en redes se dividieron de inmediato. Hinchas rivales y usuarios aprovecharon la situación para burlarse del presente del jugador, con frases como “ni para entrar al boliche sirve”, mientras la anécdota se multiplicaba en chicanas y memes.
Del otro lado, muchos seguidores del defensor salieron a criticar la actitud del dueño de la discoteca y lo acusaron de buscar “prensa gratis” a costa de figuras públicas. Otros respondieron con ironía que futbolistas de ese calibre “te compran el boliche y te ponen a cortar el pasto”.
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