(ARGENTINA).- “Seguramente no soy prioridad para él. Como persona, tengo la mejor. Lo respeto. Futbolísticamente, pensamos realmente diferente”. La frase de Juan Fernando Quintero retumbó en Núñez apenas unos días antes de que River oficializara la rescisión de su contrato y desnudó la magnitud del cortocircuito con Eduardo Coudet. La derrota 1-0 ante Gimnasia en La Plata, la segunda en igual cantidad de fechas del Torneo Clausura 2026, profundizó una crisis que ya excede lo futbolístico y siembra la pregunta más incómoda: ¿el DT perdió el respaldo del vestuario?
El equipo jugó otro partido pobre en el Bosque. Sin generación de juego y con un alarmante déficit para crear peligro, River cayó con un cabezazo de Steimbach tras un centro de Zalazar y ni siquiera pudo reaccionar en los minutos finales. Para colmo, Marcos Acuña y Ángel Correa salieron con molestias físicas y encendieron más alarmas en un plantel golpeado. La imagen dejó a Eduardo Coudet en el centro de la escena y expuso una interna que venía caliente desde antes del pitazo inicial.
El vínculo entre Coudet y Juanfer Quintero ya estaba roto. El volante colombiano no ocultó su malestar por la falta de minutos y apuntó directo a la final del Torneo Apertura contra Belgrano, el 24 de mayo pasado. “Con el Chacho no tuve la mejor continuidad. En la final (frente a Belgrano) jugué 5 minutos”, disparó Quintero. Esa misma noche, en el estadio Mario Alberto Kempes, River perdía 3-2 y el mediocampista ingresaba a los 89 minutos, casi sin tiempo de tocar la pelota. La decisión del técnico fue el principio del fin.
Quintero amplió su postura con una definición que caló hondo en el mundo River. Aseguró que no se sentía prioridad para Eduardo Coudet y que, aunque lo respetaba en lo personal, en la cancha pensaban distinto. El viernes previo al 29 de julio, el club comunicó la rescisión de mutuo acuerdo de un contrato que se extendía hasta diciembre de 2027. A lo largo de sus tres etapas en el club, el colombiano disputó 137 partidos, convirtió 24 goles y repartió 22 asistencias. Así, el futbolista que había sido elegido capitán por sus propios compañeros durante el semestre pasado se fue con el pase en su poder, dejando una grieta enorme en el liderazgo del grupo.
La salida de Quintero no es un dato aislado: expone una fractura más profunda. Los referentes del plantel llevaron su malestar a la dirigencia y pidieron la reincorporación de Germán Pezzella y Fabricio Bustos, dos de los jugadores apartados por decisión conjunta de Coudet y los directivos. La respuesta del club fue tajante: no volverán. La negativa a atender el reclamo de los pesos pesados del vestuario dejó al descubierto una tensión que ya no se disimula y que pone en jaque la autoridad del entrenador.
El técnico sostiene que confía en revertir el momento, pero el margen de error se agotó. La planificación deportiva que excluyó a Pezzella, Bustos, Paulo Díaz, Maximiliano Salas y Giuliano Galoppo, sumada al portazo de Quintero, se sostiene sobre un rendimiento colectivo que no aparece. El argumento futbolístico para prescindir del colombiano se cayó a pedazos en cada partido sin ideas ni peso ofensivo. La derrota con Gimnasia no hizo más que confirmar que el equipo no encuentra respuestas dentro de la cancha.
Las señales de un divorcio anunciado
La interna con Eduardo Coudet dio otro indicio el 28 de julio por la noche. Juanfer Quintero publicó en sus historias de Instagram una foto abrazado a Marcelo Gallardo en un barco, sin texto y solo con un emoji de corazón. El encuentro, en plena licencia del colombiano en Miami, reunió al exentrenador de River con el jugador que mejor interpretó su idea. La sociedad entre Gallardo y Quintero tuvo su punto más alto en la final de la Copa Libertadores 2018 en Madrid, con aquel golazo a Boca que quedó grabado para siempre.
El episodio potenció la grieta entre los hinchas. Una parte cuestiona a Coudet por el destrato futbolístico hacia el jugador más distinto del plantel; la otra le recrimina a Quintero la forma de irse, con declaraciones contra el técnico. En el medio quedó un club que había pagado US$2.500.000 para repatriarlo y que lo dejó marchar libre, mientras el equipo acumula dos derrotas en dos fechas y ningún gol a favor en el Clausura.
Un domingo de definición
River recibe este domingo a Rosario Central desde las 19:15 por la tercera fecha del Clausura, en un partido que se presenta como un punto de inflexión para el ciclo de Eduardo Coudet. El entrenador quedó contra las cuerdas después de dos presentaciones sin juego ni resultados, y la relación con el plantel atraviesa su momento más delicado.
En Núñez ya nadie se permite especular a largo plazo. La advertencia que sobrevuela el Monumental es concreta: si River no le gana el domingo a Rosario Central, es probable que Coudet tenga que dejar el cargo.
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