(ARGENTINA).- La imposibilidad de River para reponerse de un golpe alcanzó un nuevo capítulo tras la derrota en el Monumental ante Barracas Central. El equipo de Núñez ya suma 26 partidos consecutivos sin poder dar vuelta un resultado adverso, una racha que empezó en el segundo ciclo de Marcelo Gallardo y que Eduardo Coudet todavía no logró cortar. La última remontada data del 6 de noviembre de 2024, ante Instituto en Córdoba.
La estadística pinta de cuerpo entero la falta de reacción que atraviesa River desde hace un tiempo. A pesar de las millonarias inversiones en refuerzos, el equipo se desmorona ante el primer impacto negativo. Las 18 derrotas y los 8 empates en esos 26 cotejos reflejan una incapacidad alarmante para sobreponerse anímica y futbolísticamente. No hay margen para la épica en Núñez.
Una fractura que nació con el Muñeco
El origen de este presente esquivo se remonta al último y olvidable tramo de Gallardo al mando. Aquel equipo ya mostraba grietas que el tiempo y los cambios de nombres no lograron cerrar. La transición con Coudet no trajo la solución inmediata al problema de mandíbula de cristal, y el sábado pasado frente al Guapo se volvió a evidenciar una tendencia que ya es crónica.
La última noche en la que River supo reponerse fue en Córdoba. Aquel 6 de noviembre de 2024, el millonario se sobrepuso al gol inicial de Gregorio Rodríguez y terminó festejando un 3 a 2 agónico gracias a un doblete de Facundo Colidio y un tanto de Paulo Díaz. Lo que parecía un trámite de rutina se transformó en la última muestra de coraje colectivo.
Desde entonces, pasaron 25 encuentros hasta el más reciente con Barracas. En esa larga lista figuran superclásicos, duelos de Copa Libertadores, cruces mano a mano por el torneo local y eliminaciones inesperadas como la reciente caída por penales ante Aldosivi en la Copa Argentina. La tendencia es nítida: recibir un gol es sinónimo de naufragio.
El detalle de los números es contundente. Apenas ocho de esos 26 partidos terminaron en empate; los otros 18 fueron derrotas. La última función, con el equipo de Coudet cayendo en casa contra Barracas Central sin poder torcer la historia, confirmó que River tiene un problema estructural que trasciende los nombres propios y las urgencias del calendario.
Mientras River ya se clasificó a los octavos de final de la Sudamericana y busca rearmarse para el segundo semestre, la deuda pendiente sigue siendo la recuperación anímica dentro del campo de juego. Romper esa inercia negativa aparece como la principal misión para que el equipo vuelva a ser competitivo.
Seguí todas las noticias de Soy del Millo en Google News↗