(ARGENTINA).- Thiago Almada se convirtió en el refuerzo más resonante de River en años: el club invirtió 23 millones de dólares por la totalidad de su ficha y le entrega a Eduardo Coudet un plantel casi galáctico, pero también una presión que ya no admite excusas. La llegada del ex atacante de Atlético Madrid, campeón y subcampeón del mundo con la Selección Argentina, completa la búsqueda de un volante creativo que el equipo reclamaba desde la salida de Juanfer Quintero.
La dirigencia apuntó a un futbolista capaz de hacerse cargo de la generación de juego y de asumir el rol de “10” en partidos cerrados, justamente el casillero que Thiago Almada puede ocupar sin necesidad de llevar ese número en la espalda. Su incorporación, junto con la oficialización de Francisco Ortega en las últimas horas, modifica por completo el techo de la plantilla y obliga al cuerpo técnico a encontrar respuestas inmediatas.
Los nombres propios de un once de máxima jerarquía
Eduardo Coudet alinearía a Santiago Beltrán se afirmaría en el arco. La línea defensiva de cuatro reuniría a Gonzalo Montiel, Lucas Martínez Quarta, Nicolás Otamendi y Marcos Acuña. En el mediocampo, Aníbal Moreno se perfila como el sostén, acompañado por Fausto Vera o Tobías Andrada. La creación quedaría a cargo de Thiago Almada y Ángel Correa, mientras que la ofensiva se definirá entre Rafael Santos Borré y el joven Joaquín Freitas, ya que Colidio está muy cerca de irse.
Sin embargo, el lujo de esos apellidos no disimula los problemas que el propio cuerpo técnico deberá gestionar de inmediato. La tendencia a las lesiones de Acuña y Montiel enciende una alarma, sobre todo en una temporada con doble competencia. A su vez, refuerzos como Giovanni González y Mauro Arambarri todavía no ofrecieron garantías desde que llegaron, lo que reduce los márgenes de rotación en una defensa que ya mostró fragilidades.
La apuesta de la dirigencia cambia las exigencias. Rodolfo D’Onofrio salió a pedir tiempo para Eduardo Coudet y respaldó la política de refuerzos, pero la combinación de un plantel casi galáctico y los malos resultados recientes —la derrota 0-1 ante Rosario Central todavía pesa— sacó a chacho de toda zona de confort. El torneo local y la Copa Sudamericana ya no son deseos, sino la vara mínima.
En ese contexto, los jóvenes Lautaro Pereyra y Juan Cruz Meza asoman como alternativas que Coudet ya empezó a probar. Su frescura puede ser un recurso vital para sostener la intensidad en la seguidilla de partidos que se viene, sobre todo cuando los titulares acusen el desgaste o las lesiones.
El banco de pruebas para Eduardo Coudet será inmediato. Este viernes 8 de agosto, el equipo visitará a Tigre a las 17:00 por la Liga Profesional, la primera oportunidad concreta para ver si las piezas empiezan a encajar.
