(ARGENTINA).- "Creo que lo mejor para todos es una transferencia y quiero cumplir mi sueño", afirmó Julián Álvarez después de un partido de la Selección Argentina. La frase del delantero del Atlético de Madrid encendió el mercado de pases y desató un escándalo en el fútbol español que enfrenta al club madrileño con el Barcelona.
Joan Laporta, presidente del Barcelona, confirmó que la iniciativa partió del propio jugador y que el club catalán ya movió fichas concretas. "Hablé personalmente con el Atlético de Madrid. Deco les ha hecho una oferta, sabemos que el jugador quiere venir al Barça, que es de hace tiempo Hicimos esa oferta con todo el respeto por el Atlético de Madrid. Tienen todo mi respeto", explicó el mandamás culé, que busca cubrir la vacante que dejará Robert Lewandowski.
El presidente azulgrana también reveló la respuesta que obtuvo del otro lado. "Hablé con ellos, me dijeron que en principio no tenían previsto venderlo porque no tenían una alternativa. La oferta la vamos a mantener firme el tiempo que nosotros consideremos Pero lo que no vamos a hacer es el estar a la expectativa de los que nos diga el Atlético de Madrid", avisó Laporta. Y añadió un dato clave: "Lo que si que es cierto es que el Atlético de Madrid ha dicho que no Yo espero es que si el Atlético consigue una alternativa consideren esta oferta del Barça, que no es ilimitada en el tiempo".
Enrique Cerezo, presidente del Atlético de Madrid, le contestó con dureza y desmintió que haya recibido una propuesta formal. "Nos pilló de sorpresa y nosotros hemos hecho lo que teníamos que hacer, decir que es un jugador del Atlético de Madrid y que nosotros no tenemos ninguna oferta de nada ni de nadie, y que, aunque hubiera ofertas, no lo queremos vender", disparó. La contradicción entre ambos discursos —oferta existente para Laporta, oferta inexistente para Cerezo— tensa aún más un vínculo institucional ya desgastado, al punto que Barcelona evaluó la posibilidad de presentar una denuncia ante la FIFA.
Julián Álvarez tiene contrato con el Atlético de Madrid hasta 2030 y una cláusula de rescisión de 500 millones de euros. Su pedido público de transferencia puso al descubierto una pulseada que ya se jugaba en los despachos.
La pulseada por el precio
Las cifras de la negociación expusieron una brecha considerable. El Atlético de Madrid reclama unos 150 millones de euros para sentarse a hablar, mientras que el Barcelona estiró su ofrecimiento hasta un techo de 100 a 135 millones, siempre sujeto a sus ya conocidas restricciones financieras. A eso se suma una exigencia innegociable del club madrileño: el pago debe ser íntegramente en efectivo, sin incluir jugadores ni aceptar cuotas diferidas.
Laporta fijó el 19 de julio, el día de la final del Mundial 2026, como fecha límite para que la operación avance o quede definitivamente descartada. "Sigue sobre la mesa y el acuerdo podría cerrarse, pero la oferta no es indefinida", declaró el presidente del Barcelona. Si el Atlético consigue un reemplazante antes de ese plazo, la puerta podría abrirse y River, que sigue el caso con atención, recibiría un porcentaje de la venta como ingreso extra.


