(ARGENTINA).- River puso cifras récord sobre la mesa en los últimos mercados de pases con la ilusión de potenciar el plantel, pero los rendimientos estuvieron lejos de las expectativas y los títulos no llegaron. Esa ecuación forzó una decisión drástica de Eduardo Coudet y la dirigencia: borrar a 14 futbolistas cuyas incorporaciones representaron un gasto total que supera los 53.3 millones de dólares. Entre los señalados asoma Kevin Castaño, el segundo fichaje más caro en la historia del club, por quien se abonaron 13.8 millones de dólares.
El colombiano, silbado de manera constante en el Más Monumental, es el emblema de una política de refuerzos que no dio resultados. A pesar de tener propuestas del exterior, en Núñez ya descartan que se pueda recuperar la inversión. Un panorama similar atraviesa Giuliano Galoppo: River le compró a San Pablo el 50% de su pase en 3 millones de dólares, cediendo además el 60% de los derechos de Enzo Díaz y el mismo porcentaje de Gonzalo Tapia.
Otro caso que grafica el bajo porcentaje de acierto es el de Maximiliano Salas. Hace menos de un año, el delantero protagonizó una salida polémica de Racing mediante el pago de su cláusula de rescisión de 8 millones de euros (cerca de 9.2 millones de dólares al tipo de cambio actual) y ahora debe irse por la puerta de atrás del club de Núñez. La lista de inversiones fallidas incluye también a un campeón del mundo como Germán Pezzella, por quien se le abonó al Betis una cláusula de 4.5 millones de euros (unos 5.2 millones de dólares), un esfuerzo contractual que él mismo hizo para regresar y que hoy lo ubica entre los marginados.
La decisión de incorporar a Pablo Longoria como director deportivo en River apunta directamente a corregir este rumbo. El español tendrá la misión de gestionar las salidas necesarias para bajar una masa salarial anual cercana a los 20 millones de dólares y redireccionar esos fondos. Su desembarco busca darle un salto de calidad al rubro compras tras una seguidilla de operaciones cuestionadas por su costo y su nulo retorno deportivo.
En paralelo a la confección de esa nómina de borrados, River oficializó una lista de 11 jugadores que no seguirán en el club durante el segundo semestre. El recorte busca liberar espacio y dinero en un contexto donde las grandes apuestas, lejos de potenciar al equipo, se convirtieron en un lastre financiero.
El detalle de lo gastado por el club de Núñez sigue acumulando cifras millonarias y pocos resultados: por Fabricio Bustos se pagaron 5.4 millones de dólares por el 100% de la ficha; por el 70% de Andrés Herrera, 2.5 millones; y la dupla de Matías Galarza Fonda y Juan Portillo insumió un desembolso total de 8.5 millones de dólares a Talleres. A esos nombres se suman los 3.7 millones por el 70% del pase de Paulo Díaz en 2024 y los 2 millones abonados por Maxi Meza.
Tras los movimientos iniciales de depuración, el objetivo de la dirigencia de River es terminar de aliviar el gasto corriente del plantel para encarar el próximo libro de pases con mayor margen de maniobra y sin repetir los errores que dejaron un tendal de fichas costosas sin pena ni gloria.



