(ARGENTINA).- “Estoy enojado con River porque se nos trató muy mal y no nos merecíamos terminar así”. Con esa frase, Maxi Salas rompió el silencio este martes tras su llegada a Mendoza para sumarse a Independiente Rivadavia. El delantero, marginado del plantel millonario junto a una decena de compañeros por decisión dirigencial, no ahorró críticas hacia la cúpula del club de Núñez y el técnico Eduardo Coudet.
Salas ya se había mostrado ilusionado al pisar suelo mendocino. “Nunca dudé en venir a Independiente Rivadavia”, había resaltado ante la prensa local, y agregó sobre su estado: “Con muchas ganas de jugar, estuve entrenando bien, nunca paramos”. Dispuesto a quedar a las órdenes de Alfredo Berti, expresó: “Si el técnico que dice estoy para jugar, juego. Cuando él diga”.
Sin embargo, el foco de sus declaraciones más duras llegó en una comunicación con Radio La Red, donde describió el destrato vivido en sus últimas semanas en River. “En los últimos dos meses no me sentí jugador por las decisiones extrafutbolísticas; ya todos saben lo que pasó”, afirmó. Y enseguida detalló cómo les comunicaron la decisión: “Pablo Longoria nos llamó un día antes de la pretemporada para decirnos por teléfono que no nos presentáramos y que volviéramos la semana siguiente”.
El delantero no ocultó su malestar por el modo en que se manejó el club. Salas admitió que le hubiera encantado que Coudet se lo dijera en persona, y sostuvo que son decisiones ajenas que uno tiene que acatar, lo que digan los de arriba, pero que hay formas y formas. “A uno le puede gustar o no que no lo tengan más en cuenta, pero hay formas”, completó.
El encierro en el contenedor y la visita de Ponzio
Salas relató con crudeza la rutina a la que fueron sometidos los futbolistas apartados en el predio de Cantilo. “No está bueno estar ahí encerrado en el contenedor, no es bueno para nadie”, dijo. Y contó que si bien te enoja, llegar todos los días enojado al contenedor era insostenible, por lo que le ponían la mejor onda para levantar a los compañeros porque ante todo son humanos. “Nunca le faltamos el respeto al club. Todos los que estuvimos ahí tiramos para adelante siempre”, aseguró.
En ese contexto de aislamiento, el atacante valoró una actitud puntual y marcó ausencias. “El único que vino fue Leo Ponzio los primeros días; después no vino más nadie de la dirigencia”, denunció. Incluso llevó su reproche al plano institucional: “Algunos exjugadores se acercaron a ver cómo estábamos, pero ningún dirigente fue a vernos. Solo un día Longoria fue a hablar con Viña y después no volvió más”.
Más allá del rencor por el final, Salas negó versiones de peleas internas en ese grupo marginado y hasta sorprendió al asegurar que no le cerraría las puertas al club. “¿Si se agarraron a las piñas? No, eso es todo mentira. No sé de dónde salió eso. Hablaron bien, se saludaron bien y se fue”, aclaró. Y concluyó que volvería a River a jugar, que arrancó bien pero después tuvo miedo tras la lesión, y que este año no fue malo porque llegaron a la final. “¿Si le gritaría un gol a River? No, la verdad que no. Tengo respeto hacia la gente”, remató.
Salas ya entrena con Independiente Rivadavia, club que le paga la totalidad del contrato, y espera sumar minutos en el equipo de Alfredo Berti cuando el cuerpo técnico lo considere listo.
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