(ARGENTINA).- “No conozco la cancha nueva”, confesó Ramón Díaz para explicar por qué, pese a ser uno de los máximos ídolos de la historia del club, no pisa el Más Monumental desde hace más de una década. La última vez que el Pelado estuvo en Núñez fue el 18 de mayo de 2014, cuando River goleó 5 a 0 a Quilmes y dio la vuelta olímpica del Torneo Final. A partir de ese momento, el riojano priorizó su carrera en el exterior y, según él mismo admite, no quiso poner en riesgo el andar del equipo con su sola presencia.
La revelación llegó en una extensa entrevista en la que el exentrenador alternó nostalgia con autocrítica. Ramón Díaz fue consultado sobre la posibilidad de volver a sentarse en un palco y su respuesta fue una promesa con los dientes apretados: “Voy a ir”. Sin embargo, aclaró que su regreso no es tan sencillo como cruzar el portón de Avenida Figueroa Alcorta. Las sucesivas remodelaciones que modernizaron el estadio convirtieron su antigua casa en un lugar irreconocible para él. “Espero que me atiendan bien, que me den un palco… No hay problema”, bromeó.
Más allá de los cambios edilicios, Díaz puso sobre la mesa un motivo de fondo vinculado a su enorme mística dentro del club. Lejos de cualquier enojo, el DT dejó en claro que su distancia es un acto de respeto hacia el equipo de turno. “Es un club que amo y no quiero hacer nada que interrumpa lo que es River a nivel futbolístico”, señaló. En esa línea, redobló la apuesta y pidió cautela: “Dejalo que funcione bien el equipo y lo voy a ir a ver”. Está convencido de que un personaje de su peso puede generar un ruido innecesario si las cosas no marchan sobre ruedas.
La otra gran pata de su ausencia es estrictamente laboral. Ramón Díaz explicó que los compromisos en el extranjero le impidieron durante años sentarse en la platea. “Por trabajo, por cosas, pero voy a ir”, insistió. Enseguida recordó que su salida de River no significó un retiro, sino todo lo contrario: “Yo en estos últimos años estuve en el extranjero mucho tiempo, tuve cinco, casi seis años en Arabia Saudita”. Ahí encontró la excusa perfecta para desaparecer del radar del hincha sin que se interpretara como una grieta definitiva.
La condición para el regreso
Pese a los argumentos, el riojano también deslizó un pedido concreto que interpela de lleno a las autoridades actuales del club. Fiel a su estilo frontal, Ramón Díaz dejó una frase que sonó a reclamo y a porte abierto al mismo tiempo: “A mí si me invitan voy. Vos me invitás a tu casa y yo voy a ir, pero no te voy a aparecer solo si no me invitás”. Es una señal directa para que sea la institución la que tome la iniciativa y lo haga sentir parte de manera formal.
Así, a doce años de aquella despedida gloriosa frente al Cervecero, el Pelado rompió el silencio para dejar en claro que el deseo de volver está intacto. Ya no se escuda en el trabajo ni en las remodelaciones: ahora la pelota la tiene la dirigencia y el banco de suplentes, con la condición de que todo fluya en paz. Mientras evalúa si dar ese paso en los próximos meses, se mantiene firme en su promesa a la distancia: “Voy a ir”.


