(ARGENTINA).- “No le gustan las conferencias de Coudet porque ellos quieren controlar todo: al técnico, a los jugadores, a los socios, para que nadie hable mal de River. Y no se puede”. La frase, lanzada por Leo Uranga en Radio Splendid, tuvo un destinatario directo: el presidente de River, Stéfano Di Carlo. El ataque llegó minutos después de la derrota 0-1 ante Rosario Central en el Monumental y puso en el centro de la escena la decisión dirigencial de silenciar a Eduardo Coudet y a todo el plantel.
El club comunicó la medida antes del partido del domingo 2 de agosto. Sin importar si el equipo ganaba, empataba o perdía, River anunció que ni el Chacho ni los jugadores iban a brindar la conferencia de prensa reglamentaria ni hablarían en la zona mixta. La justificación oficial fue escueta: la dirigencia buscó “priorizar el trabajo en silencio”.
El contexto le puso un dramatismo extra a la determinación. River atraviesa un presente pésimo en el Torneo Clausura 2026 y saltó a la cancha a las 19.15 con la urgencia de sumar de a tres por primera vez en el certamen. El miércoles inmediatamente anterior el propio Coudet había reconocido la gravedad del momento: “Es una de las situaciones más difíciles a nivel personal”, confesó el técnico en lo que terminó siendo su última conferencia antes del apagón informativo.
Uranga apuntó de lleno contra Stéfano Di Carlo y la comisión directiva. “No le gustan las conferencias de Coudet porque ellos quieren controlar todo: al técnico, a los jugadores, a los socios, para que nadie hable mal de River. Y no se puede”, disparó el conductor en su programa radial. La acusación dejó a la vista un malestar que excede los resultados: para el periodista, la cúpula del club pretende blindar el discurso en el momento justo en que más se necesitan explicaciones.
La polémica no tiene solo costos políticos. El reglamento de la Liga Profesional establece sanciones económicas muy concretas por incumplir las obligaciones con la prensa. No asistir a la conferencia oficial equivale a una multa de 250 entradas generales; el silencio en la zona mixta suma otras 100 entradas, y la ausencia de declaraciones en el campo de juego suma 200 más. Una cifra que el club deberá afrontar por haber blindado a los suyos con una decisión que el propio Uranga le atribuyó directamente a Stéfano Di Carlo.
Dentro del césped, la apuesta de encerrarse no modificó la realidad. River perdió 0-1 con el gol de Rosario Central y estiró un arranque de campeonato para el olvido. El Monumental despidió al equipo con una sonora silbatina y la hinchada local explotó contra los directivos presentes, en un clima de quiebre que nadie salió a explicar.
La ausencia de voceros dejó a la gente sin la palabra de los referentes del plantel y sin la autocrítica de un Coudet que, contra las cuerdas, ya había dejado trascender su desgaste anímico. Lo que la dirigencia de Stéfano Di Carlo definió como una forma de priorizar el trabajo, una parte de los hinchas y la prensa lo interpretaron como un intento de controlar el daño en un escenario de crisis profunda.
Sin margen para digresiones, River ya tiene puesto el foco en lo inmediato: el próximo sábado visitará a Tigre desde las 17.00 con la obligación de cortar la racha negativa. Esa tarde, las reglas ya no le van a permitir callar.
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