(ARGENTINA).- “River tiene que entender que si en el plantel no tiene jugadores que encaren, futbolistas que cambien de ritmo, va a jugar siempre así con cualquier técnico.” La definición pertenece a Juan Cortese, quien tras la derrota de River por 1 a 0 frente a Barracas Central en el Monumental cargó contra la planificación del plantel y despegó al entrenador Eduardo Coudet de la crisis futbolística. Para Juan Cortese, el traspié en el debut del Torneo Clausura 2026 expuso un problema estructural que excede al técnico de turno.
Un mediocampo sin cambios, la raíz de los males
Juan Cortese apuntó directo a la continuidad de los mismos volantes que ya mostraban un rendimiento pobre el semestre anterior. “Cuéntenme cuáles son los volantes que cambiaron del semestre pasado, en donde River jugaba muy mal, a este, en donde River recomenzó el año jugando peor. ¿Cambió algo?”, se preguntó. El periodista señaló que la dirigencia sumó seis refuerzos —entre ellos Nicolás Otamendi y Ángel Correa— pero todos se concentraron en la defensa o el ataque, sin modificar la zona de gestación que falló en la final del Apertura ante Belgrano y volvió a naufragar contra el Guapo.
El resultado, explicó Juan Cortese, es un circuito previsible que deja al equipo sin sorpresa. “Todo el tiempo River se repite por centros. ¿Saben por qué? Porque los volantes de juego no se animan, no encaran. Entonces siempre se la pasan a los dos laterales”, detalló. Esa dependencia de las subidas de Marcos Acuña y Gonzalo Montiel, sumada a la falta de un pase filtrado, terminó por aislar a los delanteros y expuso a los centrales cada vez que el rival recuperó la pelota.
En sintonía con ese diagnóstico, Juan Cortese defendió la continuidad del Chacho, suspendido en esa fecha y reemplazado en el banco por Ariel Broggi. “¿La culpa es de Coudet? ¿La culpa era de Gallardo? ¿La culpa era de Demichelis? Yo lo que sí planteo es que ahora a Chacho hay que bancarlo”, afirmó. La postura marcó un quiebre con las críticas que apuntan exclusivamente al conductor del equipo y puso el foco en una conformación del plantel que, a su criterio, carece de volantes con desequilibrio individual.
El desarrollo del partido le dio argumentos a esa mirada. Con Coudet fuera del estadio por la expulsión en Córdoba, su ayudante Broggi sacó a Fausto Vera y Lautaro Pereyra en el entretiempo para mandar a la cancha a Lucas Beltrán y Joaquín Freitas. River pasó de un esquema 4-4-2 a un desordenado 4-2-4, y más tarde sumó a Correa y Mauro Arambarri sin restablecer un circuito de juego. El equipo acumuló delanteros sobre el arco de Barracas pero jamás generó peligro real por adentro, forzado a insistir con centros frontales que la defensa visitante rechazó sin contratiempos.
Las únicas aproximaciones con algo de ruido llegaron por dos vías aisladas: un penal claro de Rafael Barrios sobre Pereyra que el árbitro Nazareno Arasa ignoró y un remate de Facundo Colidio que se estrelló en el travesaño desde un tiro libre lejano. Ni el debut de Correa ni la presencia de Otamendi como capitán maquillaron el vacío creativo que Juan Cortese describió como una condena mientras no se modifiquen los nombres en la mitad de la cancha.
La próxima oportunidad para ver si algo de ese diagnóstico empieza a torcerse llegará el 29 de julio, cuando River visite a Gimnasia en La Plata por la segunda fecha del Clausura.
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