(ARGENTINA).- “Creo que lo mejor para todos es una transferencia y quiero cumplir mi sueño”. Esa declaración pública de Julián Álvarez en pleno Mundial encendió la mecha de un conflicto que escaló hasta los escritorios de la RFEF y la FIFA: el Atlético de Madrid denunció formalmente al Barcelona por haber negociado con el delantero cuando todavía tenía contrato vigente y fuera del período permitido.
El consejero delegado del Colchonero, Miguel Ángel Gil Marín, ya había anticipado la postura semanas atrás. “Nuestra responsabilidad es defender los intereses del Atlético de Madrid y por eso vamos a presentar una denuncia ante FIFA contra el Barcelona por negociar con un jugador con contrato en vigor durante el periodo protegido”, había advertido. Esa intención se materializó el 30 de junio, cuando la denuncia quedó presentada ante la Federación Española y el máximo organismo, que ya notificaron al Barsa y abrieron el período de alegaciones.
El interés culé por Julián Álvarez no cambió pese a la tormenta legal. La dirección deportiva que encabeza Deco lo considera el candidato ideal para suceder a Robert Lewandowski y, según aseguran desde la dirigencia, ya pusieron sobre la mesa una oferta cercana a los 100 millones de euros. El Atlético, sin embargo, rechazó de plano cualquier posibilidad de negociar y redobló la apuesta con la vía disciplinaria. El argumento rojiblanco es que los contactos se produjeron mientras el delantero, de 26 años, mantenía un vínculo que se extiende hasta junio de 2030.
Lo que falta para el sí
Pese a la negativa del club madrileño, el futbolista ya había blanqueado su deseo de cambiar de aire. Durante la Copa del Mundo, Julián Álvarez fue todavía más explícito: “Creo que no es momento para hablar, pero tampoco puedo esconderme. Trato de ser una persona honesta. Hablé con la gente del club, con los que tenía que hablar”, expresó. Esas palabras son hoy el centro de la disputa: mientras el Atlético sostiene que hubo un acercamiento ilegal, el Barcelona se apoya en la voluntad pública del jugador para sostener que no existió contacto irregular.
El presidente blaugrana, Joan Laporta, había reconocido que el Atlético conocía las intenciones de incorporar al campeón del mundo, pero la negativa de la cúpula que responde a Diego Simeone transformó la operación en una de las novelas más calientes del mercado europeo. Con la denuncia ya en marcha, los abogados del conjunto catalán preparan su defensa jurídica para demostrar que no infringieron la reglamentación de la FIFA.
El 10 de agosto, sin embargo, podría marcar un punto de inflexión. Ese día Julián Álvarez está citado para sumarse a la pretemporada del Colchonero, una fecha que ambos clubes observan con expectativa porque podría forzar definiciones en el caso antes de que la RFEF o la FIFA emitan una resolución. Mientras el expediente administrativo avanza, la pulseada institucional deja al delantero argentino en el ojo de la tormenta y con su sueño de una nueva etapa todavía en suspenso.
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