(ARGENTINA).- “Se piensa en demostrar poder. Se gobierna para la tribuna. La misma que después te va a insultar”. Con esa frase, Leo Farinella apuntó sus cañones contra la dirigencia de River y, en particular, contra el presidente Stefano Di Carlo. El periodista e integrante de la gestión anterior de Jorge Brito salió con los tapones de punta a cuestionar la decisión de limpiar a varios referentes del plantel profesional.
Lejos de ver un criterio deportivo, Farinella interpretó la marginación de los futbolistas como un gesto de fuerza innecesario. Para el periodista, la conducción de Stefano Di Carlo antepone un golpe de efecto para la hinchada antes que una planificación racional para el equipo, sin medir el costo interno que esa postura genera puertas adentro.
La crítica también alcanzó al armado del poder en el Monumental. Farinella fue directo sobre el lugar que ocupa Enzo Francescoli, quien supo ser compañero suyo en la estructura de Brito, y lo comparó con la figura de Longoria. “No sé por qué está Longoria. Enzo Francescoli es una gloria y no está siendo respetado”, disparó el periodista en un claro gesto de respaldo hacia el ídolo histórico.
Las salidas de Germán Pezzella y Fabricio Bustos fueron el punto de quiebre que terminó de agitar las aguas. La determinación de apartar a jugadores de peso no cayó nada bien en el vestuario y profundizó el descontento en un grupo que ya traía cortocircuitos por los malos resultados.
Porque el almanaque no ayudó a la administración de Stefano Di Carlo. El ciclo encabezado por Eduardo Coudet venía golpeado por un arranque semestral para el olvido, y la derrota frente a Barracas Central actuó como un caldero que multiplicó las quejas y los silbidos en las tribunas.
En ese contexto de ruido, las voces internas que defienden la permanencia de los más experimentados se hacen escuchar con más fuerza. La postura de Farinella se acopla así a un sector del mundo River que debate no solo a quién se borra del mapa, sino la forma en que el club está manejando una renovación que, para muchos, se está haciendo con más autoritarismo que estrategia.
La gestión de Stefano Di Carlo queda ahora en medio de un fuego cruzado entre la necesidad de cambio y el creciente malestar de los sectores influyentes del club. El costo político de seguir gobernando para la tribuna empieza a pasar factura.
