(ARGENTINA).- «Ser el mejor pago». Esa fue la exigencia con la que Esequiel Barco dinamitó en cuestión de horas su posible vuelta a River. Los periodistas Hernán Castillo y Renzo Pantich revelaron que el Millonario ya tenía un acuerdo con el Spartak de Moscú por el pase del volante, pero la negociación se desmoronó cuando el futbolista puso sobre la mesa un salario de alrededor de 4 millones de dólares por año.
El entendimiento entre los clubes estaba prácticamente cerrado. La traba apareció en la letra del contrato personal: con ese número, Barco pedía transformarse en el jugador de mayor salario del plantel, incluso por encima de Nicolás Otamendi. La dirigencia no lo dudó y bajó el pulgar.
Puertas adentro del Monumental la lectura fue contundente. El presidente Stéfano Di Carlo y el director deportivo Pablo Longoria manejan el mercado con una consigna fija: no romper la estructura salarial por ningún nombre. Para los dirigentes, la postura de Esequiel Barco no fue una negociación genuina sino una forma diplomática de decir que no.
Detrás del pedido de Esequiel Barco habría otro plan. Según trascendió en las mismas coberturas, el objetivo del mediocampista sería acelerar su vuelta a Independiente, el club que lo formó y desde donde pegó el salto a Europa. Una exigencia salarial imposible de cumplir le despejaba el camino sin necesidad de quedar mal parado frente al público de River.
La caída de la operación deja a Chacho Coudet sin el refuerzo que esperaba para la mitad de la cancha, justo después de un arranque de semestre muy flojo. El equipo quedó eliminado de la Copa Argentina ante Aldosivi y perdió en el debut del Clausura contra Barracas Central. Con seis incorporaciones ya concretadas, el cuerpo técnico vuelve a mirar el mercado con la urgencia de sumar alternativas en esa zona.
Los números de Esequiel Barco en la temporada 2025/26 explican por qué lo buscaban: 37 partidos, ocho goles y nueve asistencias. Un perfil de llegada al área y capacidad de asociación que hoy escasea en el plantel y que River se pierde por ahora.
La dirigencia ya archivó el regreso y no piensa moverse de la postura salarial que defendió. El libro de pases sigue abierto y Coudet necesita respuestas antes de que el semestre se siga desinflando.
