River en la Liga

No fue ajeno: el gesto de River a la Selección tras el subcampeonato del mundo

El Monumental se pintó de celeste y blanco en la previa del partido contra Barracas Central.

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(ARGENTINA).- "Otamendi, Montiel, Medina, Palacios, Enzo, Julián. Orgullo nacional", leyó la hinchada de River en uno de los trapos que cubrieron el Monumental en la previa al partido contra Barracas Central, por la primera fecha del torneo. El club de Núñez se unió al homenaje a la Selección Argentina por el subcampeonato del mundo y desplegó una simbología cargada de identidad albiceleste.

La gente ovacionó a Nicolás Otamendi, que debutó como titular y capitán en River y concentró buena parte de los aplausos de la noche. Pero el tributo fue colectivo y replicó el ritual que la organización dispuso para todos los encuentros de la jornada inaugural.

Los jugadores se pararon alrededor de la bandera argentina en el círculo central mientras la tribuna entonaba "el que no salta es un inglés". El cántico, clásico de las citas con la Selección, bajó con fuerza desde los cuatro costados del estadio y marcó el pulso de una previa que tuvo poco de formalidad y mucho de comunión futbolera.

Además del trapo que enumeraba a los futbolistas surgidos del club que integran o integraron el plantel nacional, se desplegaron otras banderas con leyendas de corte patriótico. "Las Malvinas son argentinas", se leía en una de las piezas que flamearon en las tribunas, un mensaje que metió el reclamo de soberanía en medio de la fiesta deportiva.

La puesta en escena de la hinchada de River incluyó detalles en la percusión. Los bombos de la barra lucieron ploteados con los colores celeste y blanco de la Selección y llevaban estampado el apellido "Messi", un guiño directo al capitán del equipo que llegó a la final del mundo.

La ceremonia se repitió en cada estadio de la fecha 1, pero en Núñez adquirió un espesor particular por la cantidad de nombres propios que vinculan al club con la Albiceleste. La lista del trapo –Otamendi, Montiel, Medina, Palacios, Enzo y Julián– funcionó como un inventario afectivo de ese lazo que la gente celebra cada vez que la Selección pisa el césped del Monumental.

El subcampeonato mundial operó como excusa para un despliegue visual y sonoro que transformó la espera del partido en una reafirmación de pertenencia. Las cámaras de la transmisión oficial captaron cada bandera, cada bombo y cada gesto de una hinchada que convirtió el homenaje en un acto de afirmación colectiva.

Otamendi, ovacionado apenas se anunció su nombre por los altoparlantes, devolvió el gesto con un saludo contenido. A los 38 años, el defensor regresó al fútbol argentino para ponerse la cinta en el brazo y encabezar la formación de River en una noche que tuvo más emoción en los prolegómenos que en el trámite del juego.

El tributo dejó imágenes que excedieron lo protocolar y confirmaron la vigencia de un vínculo que trasciende los resultados. El Monumental se vistió de celeste y blanco antes del primer pitido, y la hinchada se encargó de que el ritual no fuera un simple minuto de aplausos, sino una declaración de principios en plena reanudación del fútbol local.

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