(ARGENTINA).- Argentina le ganó 3 a 2 a Cabo Verde con más sufrimiento del previsto y se metió en los octavos de final del Mundial 2026, pero la imagen de Julián Álvarez entrando en el segundo tiempo para reemplazar a un intrascendente Lautaro Martínez y sin poder romper su sequía dejó al descubierto un problema que empieza a ser alarmante para la Selección.
Julián Álvarez ingresó a los 63 minutos por un Lautaro Martínez que ya había agotado la paciencia de propios y extraños. Sin embargo, el ex River tampoco logró torcer la historia. El análisis de su desempeño individual señaló que no tuvo chances claras de gol. Su calificación fue un 5, la misma nota baja que recibió el titular, de quien se esperaba una reacción que nunca llegó.
El delantero del Atlético de Madrid, nacido en Calchín hace 26 años, arrastra un presente formidable a nivel de clubes —con un valor de mercado de 100 millones de euros— y un pasado reciente en la Selección que lo tuvo como una de las grandes figuras de la consagración en Qatar 2022, donde marcó 4 goles en 7 partidos. Hoy, con el equipo en emergencia ofensiva, el DT apenas le da 27 minutos ante un rival al que Argentina tendría que haber despachado sin sobresaltos.
Mientras los dos centrodelanteros naufragaban, la Albiceleste se aferraba a su capitán y a la defensa para no naufragar en Miami. Lionel Messi abrió el marcador con un control orientado y una definición zurda exquisita. Después, cada vez que el conjunto africano igualó —primero con un remate cruzado de Deroy Duarte y luego con un golazo de Sidny Lopes Cabral—, aparecieron los zagueros para rescatar un equipo partido. Lisandro Martínez anotó el 2-1 transitorio y un cabezazo de Cristian Romero en el alargue terminó en el 3-2 definitivo tras un desvío en Diney Borges.
La apuesta de Lionel Scaloni por Lautaro Martínez como referente de área empieza a convertirse en un capítulo insostenible. El atacante del Inter no tuvo chances netas en todo el partido, según consignó el análisis del encuentro. Su rol como primera línea de presión ya no alcanza para justificar la falta absoluta de peso ofensivo en un Mundial donde la Selección se aferra a los goles de Messi y a las apariciones esporádicas de sus defensores.
En ese contexto, la suplencia de Julián Álvarez genera un ruido cada vez más difícil de acallar. El punta de 1,70 m acumula 14 goles en 55 partidos con la selección mayor y fue determinante en la obtención de la Copa del Mundo anterior con conquistas ante Polonia, Australia y un doblete en la semifinal frente a Croacia. Su ingreso desnudó la inconsistencia de la decisión del cuerpo técnico: Martínez no genera peligro, no retiene la pelota y tampoco ofrece soluciones por fuera del área.
El contraste entre lo que fue aquella Copa del Mundo y este presente marginal es elocuente. En Qatar, Julián Álvarez se ganó la titularidad a fuerza de goles determinantes. En Estados Unidos 2026, apenas suma minutos sueltos y ningún grito en lo que va del torneo: la Selección le ganó 3-0 a Argelia, 2-0 a Austria y 3-1 a Jordania en la fase de grupos sin que el ex Manchester City pudiera inflar la red.
Messi está sosteniendo la ilusión a puro talento, pero el campeón del mundo ya mostró contra Cabo Verde unas fisuras defensivas que los delanteros rivales no perdonarán en instancias más exigentes. Si Argentina aspira a llegar lejos, esconder el déficit de gol con goles de los centrales no parece una estrategia viable. La sequía de los puntas ya no es un dato estadístico, es una condena al sufrimiento.
El próximo rival será Egipto en octavos de final, un equipo que llega con la jerarquía de Mohamed Salah y una solidez defensiva muy superior a la del combinado caboverdiano. La pregunta que queda flotando es si Scaloni volverá a insistir con un Lautaro Martínez que atraviesa una participación de nivel bajísimo o si finalmente le dará la manija del ataque al jugador que ya demostró estar a la altura de las grandes citas. La decisión ya no es una simple cuestión de gustos; empieza a ser una cuestión de supervivencia.


