La derrota de Boca ante Vélez en Liniers volvió a encender una alarma que se repite cada vez que el equipo sale de la Bombonera. El Xeneize arrastra números flojos como visitante y, aunque la tabla todavÃa lo mantiene competitivo, el rendimiento fuera de casa empieza a transformarse en una preocupación real. Del otro lado, River atraviesa un momento distinto: no es la estadÃstica lo que lo aprieta, sino el golpe anÃmico tras la goleada sufrida en el Monumental.
El rival de toda la vida no logra trasladar su solidez de local a escenarios ajenos. En lo que va del Torneo Apertura 2026, los partidos lejos de su gente le costaron puntos y funcionamiento. El equipo pierde presencia, retrocede metros y le cuesta sostener el orden cuando el contexto lo obliga a defender más tiempo. La caÃda ante Vélez fue un reflejo de esa dificultad: un encuentro parejo que se le escapó por errores puntuales y falta de peso en momentos clave.
River, en cambio, expone otro tipo de fragilidad. Sus problemas no están ligados a la localÃa o la ruta, sino a la irregularidad general del rendimiento. El golpe ante Tigre dejó secuelas que van más allá del resultado y lo obligan a reaccionar rápido para no quedar descolgado en la tabla. Mientras el equipo azul y amarillo se mantiene cerca pese a sus falencias como visitante, el de Marcelo Gallardo quedó condicionado por un impacto fuerte en casa.
La comparación vuelve a aparecer: Boca suma desde el orden y resiste en la clasificación aun con déficits claros; River paga caro cada error y no logra estabilidad. El torneo es corto y ambos lo saben, pero los desafÃos son distintos. Uno debe corregir una tendencia incómoda, el otro necesita reconstruirse desde lo anÃmico y futbolÃstico.
La ruta, una cuenta pendiente que puede pasar factura en River
Boca necesita mejorar fuera de casa si quiere pelear en serio. River, mientras tanto, busca algo más urgente: volver a creer.


