El empate sin goles ante Rosario Central no solo dejó a River con un sabor amargo en la tabla, sino que también expuso un problema reflejado con claridad en los puntajes individuales. Las calificaciones posteriores al partido marcaron una tendencia preocupante: rendimientos bajos en nombres clave y una sensación colectiva de equipo apagado, sin peso ofensivo ni desequilibrio.
En el Millonario, los puntajes más flojos se repitieron en sectores sensibles. La falta de precisión en los últimos metros, la escasa influencia de los delanteros y un mediocampo que controló pero no lastimó fueron señalados en casi todos los análisis. Más allá de algún aprobado aislado, la evaluación general fue tibia y volvió a instalar la idea de un equipo que todavía no despega.
Este panorama contrasta con el presente de Boca, que tras vencer con claridad a Newell’s vio cómo sus jugadores recibían calificaciones altas y elogios sostenidos. El triunfo no solo sumó puntos, sino que reforzó la confianza individual y colectiva. Cuando los puntajes acompañan, el clima interno se fortalece y el margen de error se amplía.
La diferencia es clara: en River, cada actuación individual es puesta bajo la lupa; en Boca, el rendimiento alimenta la seguridad del proyecto. Los puntajes no son una verdad absoluta, pero funcionan como termómetro del momento. En Núñez, reflejan dudas y falta de contundencia; en la Ribera, respaldo y solidez.
Además, el impacto emocional no es menor. Un equipo que acumula calificaciones bajas entra en una espiral de exigencia constante, contra otro que sumó buenos puntajes que refuerzan el armado del proyecto y su confianza.
River vs. Boca: cuando los números cuentan otra historia
Los puntajes posteriores al partido dejaron a River expuesto y a Boca fortalecido. No definen el torneo, pero sí marcan estados de ánimo. Los de Núñez necesitan elevar rendimientos para salir del análisis crítico permanente; en La Ribera, en cambio, aprovechan la confianza ganada para seguir avanzando con paso firme.


