La pretemporada sigue su curso y, aunque los partidos amistosos no suman puntos, empiezan a marcar diferencias claras en la forma en que River y Boca encaran el inicio de 2026. En este tramo del verano, cada ensayo funciona como una señal del momento que atraviesa cada club. Por su parte, el Millonario ya sumó refuerzos, pero todavÃa no hay un rumbo claro en lo futbolÃstico, mientras que el clásico rival parece llegar más ordenado y con decisiones ya tomadas.
Del lado del rival de toda la vida, los amistosos aparecen como parte de una planificación más amplia. El cuerpo técnico los utiliza para darle continuidad a una idea, probar variantes puntuales y consolidar una base que ya viene trabajando desde el cierre del año pasado. No hay apuro por mostrar resultados inmediatos, sino foco en el proceso.
Por el contrario, en el River de Marcelo Gallardo el clima es distinto, ya que el plantel afronta estos partidos con una carga distinta. Cada presentación parece estar atravesada por la necesidad de encontrar respuestas rápidas. Los amistosos se convierten en pruebas exigentes, donde se busca definir un funcionamiento que todavÃa no termina de aparecer.
La diferencia se nota en el mensaje que baja desde cada lado. Mientras Boca usa la pretemporada como una etapa de crecimiento progresivo, River la vive como una instancia casi obligatoria para corregir falencias recientes y despejar dudas antes del inicio oficial.
River y Boca: Preparar para crecer o preparar para corregir
Está claro que estos amistosos no definirán el rumbo de una temporada entera, pero sà anticipan estados de ánimo. El River de Gallardo necesita que estos encuentros de preparación le den certezas inmediatas, buscando olvidarse del pobre 2025 que los dejó sin Copa Libertadores. Mientras tanto, Boca llega a estos partidos con margen para proyectar, ajustar y fortalecer una idea, pensando en la competencia internacional e ilusionándose con seguir mejorando de cara a lo que viene.


