El 2026 ya dio inicio de manera formal, y todos los clubes de la Liga Profesional ya apuntan todos los cañones a la pretemporada, tras un cierre del 2025 que dio mucho de que hablar. Sin embargo, hay partidos que no se diluyen con las semanas. El Superclásico que Boca ganó 2-0 en el segundo semestre sigue siendo un punto de referencia inevitable para entender cómo llegan tanto ellos como River al 2026, no solo desde los números, sino también desde lo emocional y lo simbólico.
Para el equipo de Claudio Úbeda, aquel triunfo fue mucho más que tres puntos. Representó un quiebre en un año complejo, una inyección de confianza y el empujón final para asegurar la clasificación a la Copa Libertadores, justamente dejando afuera de la ecuación al Millonario. Desde ese partido, el rival de toda la vida encontró mayor estabilidad, y una sensación de rumbo que se sostuvo hasta el cierre de la temporada, casi llegando a la definición por el tÃtulo del Torneo Clausura.
En cambio, para el River de Marcelo Gallardo el impacto fue inverso. La derrota en el clásico marcó fue la continuidad de un tramo final cargado de dudas, decisiones erráticas y un desgaste que terminó condicionando todo el cierre de la temporada. El golpe anÃmico se trasladó a los resultados y dejó al equipo fuera de la Copa, un objetivo que parecÃa al alcance tiempo atrás.
Ese contraste sigue presente incluso hoy, a tres meses de distancia. En el arranque de la pretemporada, en Boca el 2-0 se recuerda como un punto de apoyo, mientras que en River aún se siente esta caÃda como una herida abierta que todavÃa pesa en el análisis interno y en el humor del hincha.
Boca 2-0 River: un partido que ordenó y desordenó
El Superclásico volvió a demostrar que hay encuentros que exceden el resultado inmediato. Para Boca fue un punto de partida; para River, un freno inesperado. Y esa diferencia sigue marcando el pulso con el que ambos encaran el 2026.


