El inicio de la pretemporada suele ser un momento bisagra, no solo por lo fÃsico, sino por lo que revela hacia adentro y hacia afuera. Cómo se arranca dice mucho más de lo que parece. En este comienzo de 2026, River y Boca volvieron a mostrar diferencias profundas en la manera de pararse frente al futuro inmediato, diferencias que hablan de modelos de gestión y estados de ánimo.
Mientras en Núñez parece que apuran decisiones, ajustan sobre la marcha y da señales de premura, en Brandsen 805 transitan estos primeros dÃas con un mensaje más controlado. Tras un mejor cierre del 2025, no hay estridencias ni volantazos. Hay planificación, tiempos claros y una idea de proceso que no parece alterarse por el ruido del entorno.
Para el River de Marcelo Gallardo, la pretemporada estará marcada por la necesidad y la urgencia, tanto desde lo futbolÃstico como lo emocional. El final de la temporada pasada dejó un amargo sabor de boca, con objetivos sin cumplir y con un calendario distinto al que se imaginaba para este 2026. Es por eso que reina la sensación de que hay decisiones apuradas y cuesta distinguir lo importante de lo accesorio.
Del otro lado, el equipo azul y oro encara este tramo inicial de enero con mayor calma. Si bien no les sobra nada y son conscientes de eso, el escenario es otro, apuntando los cañones a una Copa Libertadores en donde su rival no dirá presente. AsÃ, la pretemporada pasa a ser una instancia para construir y no para tapar agujeros, tal como ocurre al dÃa de hoy en River.
Rondan los fantasmas del 2025: River y la presión del ahora
Para River, el desafÃo es claro: necesita que la urgencia no se convierta en desorden. Requiere respuestas rápidas, sÃ, pero también certezas. Porque acelerar puede servir para llegar antes, pero sin rumbo definido, el riesgo es volver a empezar antes de haber terminado de arrancar.


