Aunque el mercado de pases está formalmente cerrado, en River la sensación es que el armado del plantel todavía no está terminado. La posibilidad reglamentaria de incorporar jugadores más adelante, en caso de concretar salidas al exterior, volvió a instalar la idea de un plantel en construcción permanente, incluso con el torneo ya iniciado.
Esta situación genera lecturas encontradas en el elenco Millonario. Por un lado, se interpreta como una ventana para corregir falencias detectadas en el arranque del Torneo Apertura 2026. Por otro, refuerza la percepción de improvisación y de un proyecto que todavía no termina de definirse. La expectativa de posibles refuerzos mantiene al equipo en una especie de compás de espera, donde nada parece del todo cerrado.
En Boca, el escenario es distinto. Con el mercado prácticamente resuelto, el foco está puesto en el funcionamiento y la consolidación del grupo. La dirigencia decidió que, si bien no descartan otras incorporaciones, apuestan a una base clara y a la continuidad de los nombres fuertes. Esa estabilidad se traduce en un mensaje interno y externo: el plantel está definido y el proceso avanza sin sobresaltos.
El contraste vuelve a ser evidente. Mientras River sigue atado a escenarios hipotéticos —ventas, cupos y refuerzos tardíos—, Boca trabaja con certezas. Esa diferencia impacta en el día a día: el equipo dirigido por Marcelo Gallardo convive con rumores y expectativas de cambios, mientras que el cuadro comandado tácticamente por Claudio Úbeda lo hace con la idea de ajustar dentro de un esquema ya establecido.
El contraste entre River y Boca: Mercado abierto, proyecto en suspenso
El cierre del mercado no significó lo mismo para todos. En River, la posibilidad de seguir incorporando prolonga la sensación de transición. En Boca mantienen la chance de sumar refuerzos, pero prioriza la ilusión y refuerzan una idea de orden y planificación. Dos caminos distintos que, incluso con la pelota en juego, siguen marcando realidades opuestas.


