En un momento clave de la temporada, River vuelve a quedar expuesto por decisiones que reabren viejas discusiones. Paulo Díaz corre de atrás y espera ofertas para irse, una señal más de que el club sigue dispuesto a desarmar piezas importantes incluso con el Apertura 2026 ya en marcha. Más allá de los nombres, el mensaje que baja desde Núñez es claro: el plantel sigue abierto, sujeto a movimientos, y sin una estructura definitivamente cerrada.
La situación del defensor chileno no es menor, ya que fue durante años una referencia de la última línea, con presencia, continuidad y peso en partidos importantes. Que hoy quede al margen no responde únicamente a una cuestión futbolística, sino a una lógica más amplia de reconfiguración constante. El Millonario vuelve a desprenderse de jerarquía en lugar de consolidarla, algo que se repite mercado tras mercado y que alimenta la sensación de provisionalidad.
Lógicamente, esto marca un contraste con Boca. En La Ribera, la apuesta fue distinta: sostener una base, respaldar a los referentes y darle continuidad a un proyecto que ya muestra señales positivas en el funcionamiento y en el clima interno. El clásico rival entendió que, en este contexto, la estabilidad también compite. Retener jerarquía no es inmovilismo, es una decisión estratégica que ordena al equipo y transmite confianza.
River, en cambio, parece seguir atrapado en una lógica de reinicio permanente. Cada salida reabre debates, cada mercado vuelve a poner en duda el rumbo. Sin Libertadores y con el Apertura y la Sudamericana como principales objetivos, desprenderse de referentes en este punto del calendario no fortalece el proyecto: lo expone. Y esa diferencia de enfoque empieza a notarse no solo en la cancha, sino también en el ánimo del entorno.
El contraste River-Boca: Cuando sostener también construye
En el fútbol argentino, no todo pasa por sumar nombres nuevos. Boca apostó por continuidad y hoy muestra una estructura reconocible. River, al seguir desarmando jerarquías como la de Paulo Díaz, vuelve a correr desde atrás. Y en un torneo corto, esa falta de estabilidad suele pasar factura más temprano que tarde.


