La vieja premisa de que el fútbol es la dinámica de lo impensado cobra vida nuevamente con River y su mercado de pases actual. Sebastián Villa, quien en el pasado se identificaba plenamente con los colores de Boca, ha dado un giro radical al expresar abiertamente: “Quiero jugar en River”. Esta declaración ha transformado un rumor lejano en una posibilidad real, aunque cargada de matices complejos que trascienden lo estrictamente deportivo y ponen a prueba la filosofía institucional del club de Núñez.
A pesar del entusiasmo del futbolista, las gestiones aún no han alcanzado una etapa de formalidad contractual. Hasta el momento, solo existió un intercambio informal de condiciones entre las entidades. Mientras que Independiente Rivadavia ha tasado la ficha del colombiano en una cifra cercana a los 12 millones de dólares, el “Millonario” apenas realizó un sondeo por 4 millones.
Esta propuesta fue desestimada de inmediato por los propietarios del pase, marcando una distancia económica difícil de acortar. Aunque Marcelo Gallardo es el principal impulsor de su llegada, el escenario interno en River ha cambiado. Tras las cuantiosas inversiones del mercado previo que no arrojaron los resultados esperados, los poderes absolutos del entrenador se han visto limitados.
Villa y la chance de jugar en River
Ahora, la última palabra recae en el presidente Stefano Di Carlo, quien ha decidido intervenir personalmente en cada operación para garantizar que los refuerzos se alineen con la estabilidad financiera y los valores del club. La dirigencia liderada por Di Carlo evalúa con cautela el impacto social que tendría el fichaje. Más allá de su pasado en el eterno rival, el mayor inconveniente radica en los antecedentes judiciales y la condena por violencia de género que pesa sobre el delantero.
El presidente es consciente de que una incorporación de este tipo podría generar un fuerte rechazo en gran parte de la masa societaria, contraviniendo el histórico eslogan de la institución. A pesar de ser considerado por muchos como el mejor jugador del último año en el ámbito local, la figura de Villa representa un dilema ético para River. El club se debate entre priorizar el salto de calidad futbolística que el colombiano garantiza o preservar su imagen pública ante acciones de altísimo costo social.



