La reestructuración del plantel de River ha dejado en evidencia una profunda inestabilidad en su política de contrataciones reciente. De los 17 futbolistas que arribaron durante la gestión de Martín Demichelis, la depuración liderada por Marcelo Gallardo ha sido casi total. Actualmente, solo Facundo Colidio y Sebastián Boselli, quien regresó tras una cesión en Estudiantes, permanecen en la institución, marcando el fin de un ciclo caracterizado por una alta inversión y escasa permanencia.
La lista de jugadores que pasaron sin éxito por el club incluye nombres de peso como Manuel Lanzini, Nacho Fernández y Rodrigo Villagra, además de apuestas fallidas como Franco Carboni y Felipe Peña Biafore, quienes abandonaron el club en el mismo mercado de su llegada. El último eslabón de esta cadena de salidas fue el arquero Jeremías Ledesma, quien se unió recientemente a Rosario Central bajo un préstamo con obligación de compra supeditada a objetivos.
Dentro de este panorama, Facundo Colidio destaca como el único refuerzo del periodo iniciado en 2023 que ha logrado sostener la titularidad con ambos entrenadores. Por el contrario, la situación de Boselli ha sido más errática: no fue prioridad inicial para el “Muñeco”, salió a préstamo para sumar rodaje y fue repescado recientemente, siendo hoy uno de los pocos sobrevivientes de aquella etapa de incorporaciones masivas.
Limpieza total en River
Incluso tras el retorno de Gallardo a River, la rotación vertiginosa de jugadores no ha cesado. El delantero Gonzalo Tapia fue transferido al San Pablo tras apenas seis meses de estadía, mientras que el paraguayo Matías Rojas rescindió su contrato tras un inicio de 2025 marcado por lesiones y falta de regularidad. A estas bajas se sumó la partida de Enzo Pérez, quien tras su regreso el año pasado, no renovó su vínculo con la institución.
Esta sucesión de salidas prematuras refleja la dificultad de River para consolidar refuerzos a largo plazo. Desde figuras históricas hasta apuestas juveniles, la exigencia del cuerpo técnico ha forzado un recambio constante que busca sanear una economía afectada por gastos en jugadores que no rindieron según lo esperado. El desafío para el 2026 será que las nuevas caras logren la adaptación que les fue esquiva a sus predecesores.



