A pesar del oasis en el desierto que significaron los primeros tres partidos del Torneo Apertura, River sigue en crisis. En estos primeros meses del año, el equipo dirigido por Marcelo Gallardo ha extendido el mal momento que vive desde la temporada anterior. En este sentido, cae una gran responsabilidad sobre las figuras de los delanteros, quienes no están cumpliendo con su función principal que supo tener Miguel Borja antes.
Una muestra cabal de eso es el dato de que el colombiano continúa siendo el último atacante no juvenil en marcar con la camiseta Millonaria. El jugador, que ya dejó la institución, le convirtió a Rosario Central en octubre pasado y a partir de ahí ninguno de sus colegas pudieron hacerlo (vale remarcar que Ian Subiabre es ofensivo y anotó luego en cancha de Racing, pero es un chico y no es 9).
Si bien ni Maximiano Salas, ni Sebastián Driussi ni Facundo Colidio sienten esa posición, están mucho más obligados que los que recién están apareciendo en primera. En ese sentido, la sequía acumulada de más de 40 partidos sin marcar es verdaderamente alarmarte e histórica. Una racha por la que Miguel Ángel Borja no pasó ni siquiera en el último tiempo en Núñez, cuando ya su ciclo estaba cumplido
En un club con la historia de River, en el cual siempre se ha destacado el juego ofensivo, una estadística así no tiene razón de ser. Marcelo Gallardo tiene que dar un golpe de timón y hacer algo, porque su equipo se cae a pedazos y tanto él como el propio River son los principales perjudicados.
River debe atacar el problema
La lamentable lesión de Juan Carlos Portillo le abre a River la posibilidad de poder fichar a un jugador más en el mercado de pases. En este sentido, Marcelo Gallardo tiene la obligación de pedirle a la dirigencia que le traiga un delantero más. Los que tiene actualmente han demostrado no estar a la altura y el equipo no puede seguir inmerso en esta sequía goleadora.


