(ARGENTINA).- “A Montiel lo echaron”, exclamó Marcelo Escudero desde el banco de suplentes mientras River reclamaba por dos planchazos contra Santiago Espíndola. El árbitro mostró amarilla en ambas jugadas y el VAR no intervino para revisar ninguna.
El episodio ocurrió este jueves, en el partido de River ante Aldosivi por la fecha 16 del Torneo Clausura. Espíndola, volante de 18 años, recibió las dos entradas con apenas dos minutos de diferencia. La primera infracción fue a los 14 minutos del primer tiempo. Blas Palavecino perdió el control de la pelota y Espíndola se anticipó para capturarla. En el intento de recuperarla, Palavecino se tiró a barrer y le pegó un planchazo al volante, que quedó tendido en el piso.
El árbitro Bryan Ferreyra le mostró la tarjeta amarilla a Palavecino. River reclamó por la sanción, pero desde el VAR no llamaron a Ferreyra para que revisara la jugada. La amonestación fue la única medida tomada por esa entrada. se acercó al lugar de la acción y le mostró la tarjeta amarilla a Palavecino. Todo el banco de suplentes de River reclamó con efervescencia por la levedad de la sanción, pero desde la cabina del VAR optaron por el silencio y no llamaron a Ferreyra para que revisara la jugada en la pantalla de campo. La amonestación terminó siendo la única medida tomada por esa peligrosa entrada, lo que encendió las alarmas en el cuerpo técnico visitante.
Dos minutos después, Espíndola recibió otro planchazo, esta vez de Lucas Castro. Ferreyra volvió a mostrar una amarilla y no expulsó al jugador de Aldosivi. La segunda falta tuvo el mismo desenlace disciplinario que la primera.
En esa jugada en particular, José Carreras tampoco intervino desde la cabina de tecnología para sugerir una revisión reglamentaria. Las opiniones de los hinchas marcaban que las dos entradas de los futbolistas del conjunto marplatense ameritaban, como mínimo, una revisión detallada en el monitor por posible tarjeta roja directa.
“A Montiel lo echaron”, exclamó Escudero desde el banco de suplentes inmediatamente después de la segunda infracción. La frase hizo una alusión directa a la polémica y estricta expulsión que había sufrido Gonzalo Montiel en el reciente Superclásico frente a Boca Juniors pocos días atrás, sirviendo como el ejemplo perfecto de la disparidad de criterios que impera en el arbitraje actual. Esta fuerte queja expuso el malestar absoluto de River durante una preocupante secuencia de dos faltas consecutivas sobre el mismo jugador juvenil.
