(ARGENTINA).- River cerrará la fase regular del Clausura frente a Aldosivi en el estadio José María Minella, en Mar del Plata. El partido está previsto para las 15, porque las deficiencias del sistema lumínico impiden jugar de noche. El sector del techo está clausurado por riesgo estructural y su demolición está en curso. A eso se suman filtraciones y un césped que suele presentar mal aspecto.
El Minella fue escenario de las noches de verano de Mar del Plata y estuvo ligado al Mundial de 1978. Allí, Boca venció 4-0 a River en el superclásico de 2002, y en 2010 el estadio quedó asociado a la renuncia de Coco Basile.
La concesión y las obras
Tras años de abandono, a fines de 2025 el estadio dejó de estar bajo la órbita de la Municipalidad de General Pueyrredón y fue adjudicado a Minella Stadium SA. La concesión incluye la gestión del Polideportivo y de otros espacios del predio por 30 años.
La empresa prometió obras millonarias en un plazo de 36 meses y la modernización del lugar para recibir grandes eventos, no solo deportivos. El contrato contempla reformas estructurales y espacios comerciales.
Las antiguas butacas plásticas fueron retiradas y quedaron apiladas en un sector de la platea cubierta, donde se las vio durante partidos recientes de Aldosivi y Alvarado, los dos equipos que juegan allí como locales. La escena reavivó la discusión sobre el estado del predio y la marcha de la concesión.
En ese debate, sectores críticos describieron el lugar como “un basural a cielo abierto” y denunciaron presuntos incumplimientos de la empresa. Mencionaron decenas de cheques rechazados y un cambio de accionista, mientras el Concejo Deliberante pidió inspecciones y explicaciones sobre la concesión del Parque de Deportes. Otros sectores sostuvieron que los trabajos se realizan a diario y afirmaron que habían llegado butacas naranjas para comenzar a instalarlas.
El histórico cartel electrónico tampoco suele utilizarse por falta de operarios. En julio, el estadio sufrió un corte de energía durante algunas horas; EDEA atribuyó la interrupción a una deuda de 25 millones de pesos. El futuro del pebetero panamericano, uno de los emblemas de los Juegos Panamericanos de 1995, es una incógnita ante la remodelación prevista.
