(ARGENTINA).- “Que juegue para arriba”, le gritó Marcos Acuña a Lucas Silva durante el primer tiempo del Superclásico, después de que una pérdida del juvenil inició un contraataque rival. River quedó con diez por una expulsión y el volante central fue reemplazado en el entretiempo.
Silva intentó salir con una media vuelta, pero Milton Delgado le quitó la pelota y la pérdida abrió un contraataque de Boca. Acuña acompañó a Leonel Flores hasta la línea de meta para alejar el peligro y enseguida le reclamó al volante que avanzara con la pelota, porque River tenía superioridad numérica en esa jugada. Gonzalo Montiel también le marcó que no debía girar hacia atrás, sino orientar el balón hacia adelante. La crónica de Sebastian Ueberrhein para La Página Millonaria describió la actuación de Silva como muy por debajo de lo esperado.
La Página Millonaria le asignó un 2 a Silva en su evaluación del partido. El análisis resumió la actuación así: “Lucas Silva (2) : consumido por el contexto del partido y la desventaja inicial. Regaló de forma infantil el córner que termina en el 1-0 de Boca y sufrió filtraciones por todos lados cada vez que el rival atacó por sus costados y su espalda. Pases débiles y exigidos casi siempre que intentó salir desde el fondo”.
El rendimiento de Silva y las bajas de River
Silva llegó al Superclásico con 19 años y 466 minutos en Primera acumulados. River lo ubicó como volante central porque Aníbal Moreno y Fausto Vera estaban lesionados. Moreno arrastraba problemas físicos reiterados desde hacía meses y Vera estaba desgarrado. Hasta entonces, Silva había mostrado cualidades y generado expectativa, aunque su experiencia en Primera seguía siendo limitada.
Los registros del partido consignaron 22 toques, 12 pases precisos sobre 15 (80%), seis pérdidas de posesión y dos entradas ganadas. Silva completó siete de ocho pases en campo rival y sumó dos contribuciones defensivas, sin intercepciones ni despejes. Aun con esos aciertos, tuvo dificultades para contener los avances, ordenar el mediocampo y salir jugando con precisión.
La expulsión de Lucas Martínez Quarta dejó a River con un futbolista menos y condicionó el desempeño del juvenil. La evaluación sostuvo que la inferioridad numérica agravó los problemas de Silva, un mediocampista más ligado al juego que a la marca, cuando el equipo ya no podía sostener la pelota. Leonardo Ponzio lo reemplazó por Lautaro Pereyra en el entretiempo.
El problema del volante central antecedía al Superclásico: River no conseguía consolidar a un jugador en esa posición desde hacía años. Enzo Pérez había sido el último en ofrecer garantías, con 2021 como referencia; después, Matías Kranevitter, Rodrigo Villagra y Nicolás Fonseca no rindieron, y el regreso de Pérez tampoco resolvió el puesto. Ese año River incorporó a Moreno y Vera para esa función: el rendimiento de Moreno no había sido malo, aunque no se había convertido en una figura indiscutida, mientras que Vera, a préstamo hasta fin de año, había jugado poco en su posición natural y atravesaba altibajos.
