(ARGENTINA).- El 28 de agosto, Julián Álvarez cumplió su tercer día consecutivo sin presentarse a los entrenamientos del Atlético de Madrid, mientras se difundía un reporte sobre un informe médico entregado al club. El documento indicaría que el delantero padece una depresión severa, aunque no existe una confirmación pública del jugador ni de la institución sobre su estado. El episodio ocurre mientras el FC Barcelona mantiene su interés por conseguir el traspaso del atacante argentino.
El delantero argentino se ausentó de las prácticas en el Cerro del Espino durante la semana. Desde el Atlético de Madrid informaron que persiste la indisposición de salud que le impidió ejercitarse a las órdenes de Diego Simeone. La información disponible no precisa cuándo podría regresar a los entrenamientos ni ofrece detalles oficiales sobre el cuadro mencionado en el informe.
El reporte periodístico difundido en las últimas horas sostiene que un profesional médico habría diagnosticado al futbolista con depresión y que el jugador presentó ante el Atlético de Madrid la documentación correspondiente para respaldar su situación. Ese contenido no fue acompañado por un parte oficial del club ni por una declaración pública del delantero. Por el momento, ninguna de las dos partes emitió un comunicado que detalle públicamente el estado de salud de Julián Álvarez.
Fuentes internas del Atlético señalaron que el futbolista habría comunicado “motivos personales” para explicar su ausencia. Esa versión convive con la información institucional sobre una indisposición de salud y con el contexto de tensión alrededor de su futuro deportivo. El interés del FC Barcelona por el traspaso aparece como uno de los elementos que rodean el caso, aunque no existe un anuncio oficial sobre una salida del delantero.
Los abucheos en el Riyadh Air Metropolitano agregaron otro antecedente al mal momento del jugador. Durante el estreno liguero frente al Villarreal, el nombre de Julián Álvarez fue silbado en la pantalla del estadio y también cuando saltó al césped. El episodio se sumó al conflicto entre el delantero y la afición del Atlético de Madrid, en un escenario que quedó marcado por la presión sobre su rendimiento.
Marie Cartwright, psicóloga deportiva, explicó que el entorno del estadio puede incidir en el rendimiento y en la estabilidad mental de un futbolista. La especialista señaló: “Esto puede hacer que los errores de los jugadores les parezcan más graves”. Cartwright también describió una doble cara de la energía del público: puede elevar la adrenalina y la intensidad, pero aumenta la presión cuando la afición exige un compromiso absoluto. Su análisis es general y no constituye una evaluación clínica de Julián Álvarez.
Cartwright definió el estado de amenaza como la situación en la que el deportista percibe que las consecuencias de sus actos pueden ser severas. “Eso puede hacer que los jugadores crean que las consecuencias superan su capacidad para lidiar con ellas. La concentración no será la misma, y por lo tanto el juego se vuelve más lento porque piensan demasiado las cosas”, afirmó la psicóloga. El análisis permite dimensionar el impacto posible de un entorno hostil, pero no establecer la situación clínica del delantero. El próximo paso será conocer si el Atlético de Madrid o Julián Álvarez emiten una comunicación oficial sobre su estado y su regreso a las prácticas.
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