(ARGENTINA).- “Le tengo respeto. No lo hice con Racing, con todo el quilombo que se armó. Le tengo mucho respeto a la gente y a donde jugué”, confesó Maximiliano Salas al llegar a Mendoza para sumarse a Independiente Rivadavia. La declaración del delantero tiene una contracara contractual insólita: ni él ni Ian Subiabre podrán enfrentar a River en este Clausura. Según se supo, La dirigencia conducida por Stéfano Di Carlo, incluyó una cláusula de blindaje en los contratos de cesión de ambos futbolistas que prohíbe enfrentarlos y así anula automáticamente la temida Ley del Ex.
La restricción tendrá su primer capítulo este sábado, cuando el equipo de Chacho Coudet visite a Tigre en Victoria. Subiabre, flamante refuerzo del Matador, deberá mirar el partido desde afuera a pesar de haber llegado hace pocos días. La misma situación vivirá Maximiliano Salas, aunque deberá esperar hasta el fin de semana del 6 de septiembre, fecha en la que Independiente Rivadavia visite el Monumental por la octava jornada y Alfredo Berti no podrá utilizar al punta.
El préstamo de Ian Subiabre no le generará un ingreso inmediato a River, aunque sí una plusvalía a futuro. Se marchó por 12 meses, con posibilidad de extender el vínculo por seis más, sin cargo y con una opción de compra cuyo monto no trascendió. La salida del extremo zurdo responde a la búsqueda de minutos que tenía vedados en Núñez, donde había quedado relegado en la consideración del entrenador.
Distinto es el caso de Maximiliano Salas, cuyo pase esconde un negocio redondo para la tesorería Millonaria. Independiente Rivadavia se hará cargo de la totalidad de su salario durante el próximo año, ahorrándole a River un contrato completo. Además, la operación incluye una opción de compra de 4 millones de dólares brutos por la mitad del pase. Si la Lepra mendocina ejecuta la cláusula, el club de Núñez asegurará un ingreso fresco por un jugador que ya estaba apartado del plantel.
La salida de Maximiliano Salas estuvo lejos de ser pacífica. Entrenó en soledad en el predio de Cantilo dentro del grupo de los borrados hasta que se destrabó su viaje a la provincia cuyana. “Lo extrafutbolístico es otra cosa”, completó el mendocino en diálogo con Radio La Red, en una frase que evidenció la grieta dirigencial que provocó su partida. A pesar del cortocircuito, Salas recalcó su cariño por la gente y aseguró que no gritaría un gol ante River si le tocaba marcar, aunque el contrato directamente le niega la chance de estar en cancha.
De esta manera, el Clausura se queda sin uno de los duelos más morbosos del calendario. Mientras Subiabre busca rodaje en un Tigre necesitado, Maximiliano Salas se pondrá la camiseta del puntero de la tabla general con la espina de no poder demostrar su presente en el césped del Monumental. La cláusula anti-River le pone un freno de mano al morbo de los hinchas y asegura que la Ley del Ex, al menos en este campeonato, no tenga capítulo.
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