(ARGENTINA).- River perdió 1-0 ante Rosario Central en el Monumental por la cuarta fecha del Torneo Clausura y agravó una crisis que no encuentra fondo, pero el dato que mejor retrata la impotencia ofensiva es otro: en lo que va del certamen, el equipo de Eduardo Coudet acumula 50 remates, apenas 13 de ellos al arco, y todavía no convirtió ningún gol.
La derrota de este domingo, con un gol en contra de Nicolás Otamendi, significó la quinta caída consecutiva de River en competencias nacionales, una marca que nunca había ocurrido en el profesionalismo. El único antecedente similar se remonta a 1911, en tiempos del amateurismo.
La racha se inició con el 3-2 ante Belgrano en la final del Torneo Apertura, continuó con el 3-1 frente a Aldosivi por la Copa Argentina y se profundizó en el Clausura con tres caídas seguidas por el mismo marcador: 1-0 contra Barracas Central, 1-0 ante Gimnasia y el nuevo 1-0 frente a Rosario Central.
El conjunto de Núñez no suma puntos en el actual torneo y, más allá de la cantidad de remates —50 en las primeras tres presentaciones, con 31 desviados y 6 bloqueados—, la falta de gol ya es un síntoma crónico. La última vez que logró dar vuelta un resultado fue hace 634 días y arrastra 28 partidos sin revertir un marcador adverso.
La bronca de los hinchas explotó tras el pitazo final con cánticos contra la dirigencia y una fuerte reprobación al equipo. La continuidad de Coudet quedó otra vez envuelta en dudas, mientras el Monumental perdió la paciencia.
En la cancha, el golpe llegó por un desvío desafortunado de Otamendi que le dio la victoria a Rosario Central y dejó expuesta la fragilidad anímica de un plantel que, pese a generar volumen de juego, carece de contundencia en los metros finales.
Los números del equipo en el Clausura exponen una ineficacia que contrasta con las situaciones generadas. De los 50 tiros totales acumulados en los primeros tres encuentros, 13 exigieron al arquero rival y ninguno terminó en la red. Esa sequía se estiró durante los 90 minutos frente al canalla y convierte el arranque del torneo en uno de los más estériles del ciclo.
El técnico, que asumió en enero, no encuentra respuestas en el banco y enfrenta el peor presente colectivo de su gestión. La tabla del Clausura muestra a River en el fondo, una postal que agiganta la presión de cara a los próximos compromisos.
Sin margen para el error y con el Monumental como termómetro, la obligación de cortar la racha se transformó en una urgencia que no admite más postergaciones. El plantel y el cuerpo técnico quedaron bajo un manto de incertidumbre mientras la próxima fecha asoma como una prueba extrema para evitar que la crisis se convierta en un derrumbe sin retorno.
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