(ARGENTINA).- “River no te da margen ni tiempo. Hay que ganar”, dijo Eduardo Coudet minutos después de la derrota por 1 a 0 ante Gimnasia y Esgrima La Plata en el estadio Juan Carmelo Zerillo. La caída, tercera al hilo y cuarta en los últimos cinco partidos oficiales, dejó al equipo último en la zona B del Clausura 2026 y reactivó una estadística que persigue al club de Núñez: es la séptima vez en su historia que arranca un campeonato de Liga Argentina perdiendo los dos primeros partidos y en ninguna logró salir campeón.
El antecedente más lejano data de 1940, cuando el equipo cayó 1-2 ante Independiente y 3-6 frente a Racing en las dos jornadas iniciales. La historia se repitió en el Metro 1974 (2-5 con Boca y 2-3 con Gimnasia La Plata), en el Campeonato 1988/89 (1-2 ante Platense y 0-2 ante Boca), en el Clausura 1993 (1-2 frente a Rosario Central y 0-2 contra Estudiantes de La Plata), en el Clausura 1994 (1-2 con Banfield y 0-1 con Independiente) y en el Clausura 1995 (2-3 ante Lanús y 0-3 ante Rosario Central). En todos esos torneos, River terminó lejos de la vuelta olímpica.
La nueva edición de ese arranque fallido se gestó con dos resultados inmediatos: el 0-1 contra Barracas Central en la primera fecha y el 0-1 frente a Gimnasia en la segunda. “Es de las veces que más me ha costado hacer jugar a un equipo como quiero que juegue. Estamos terminando de armar el plantel. Necesitamos tres o cuatro jugadores más en posiciones donde tenemos muchos juveniles”, analizó Coudet, quien asumió el 4 de marzo en reemplazo de Marcelo Gallardo y arrancó con seis triunfos en sus primeros siete partidos, una inercia que hoy parece un recuerdo lejano.
El presente del equipo contrasta con aquel inicio prometedor. Desde la eliminación ante Palmeiras en los cuartos de final de la Copa Libertadores de 2025, el conjunto de Núñez disputó 43 partidos, con 18 victorias, 18 derrotas y 7 empates. En ese lapso, que eyectó al propio Gallardo, Coudet acumuló traspiés de peso: la final del Torneo Apertura contra Belgrano, la eliminación en 16avos de final de la Copa Argentina ante Aldosivi y la caída con Barracas Central, entre otros.
A la falta de resultados se sumó un poder de decisión acotado en el armado del plantel. Cuando le preguntaron por los futbolistas separados del grupo que se entrenan en el predio Cantilo, el entrenador respondió: “Fue una decisión del club”. Y ante la posibilidad de una marcha atrás, fue aún más explícito: “Yo ya opiné del tema. No soy el indicado para hablar sobre los marginados”.
En ese contexto, Coudet admitió que atraviesa una coyuntura casi desconocida en sus 11 años de carrera y exigió refuerzos mientras continúan las gestiones para terminar de acordar el arribo del mediocampista Tobías Andrada, de 19 años y con presente en Vélez Sarsfield. El propio DT puso en números la urgencia: “Necesitamos tres o cuatro jugadores más en posiciones donde tenemos muchos juveniles”.
La racha actual también expuso a Coudet a una coyuntura que el club no vivía desde 2010, cuando Leonardo Astrada, Ángel Cappa y Juan José López desfilaron por el banco en una misma temporada. El actual director técnico, cuyo contrato se extiende hasta el 31 de diciembre de 2027 pero incluye una cláusula de rescisión sin costo durante diciembre próximo, enfrenta el desgaste de un crédito que se agota entre los hinchas y una exigencia que él mismo definió sin eufemismos: “Hay que ganar”.
Un técnico en la cornisa
Sin crédito de la mayoría de los hinchas y con el equipo fuera de los puestos de clasificación a la próxima Copa Libertadores, Coudet sabe que el margen de error es prácticamente nulo. Las tres caídas consecutivas y el funcionamiento opaco en La Plata, donde River apenas provocó tres atajadas del arquero Nelson Insfrán, dejaron al entrenador en una posición límite.
Ni el técnico dudó de su continuidad ni la dirigencia dio señales de echarlo, pero los plazos en Núñez son más cortos que en otros clubes. Coudet lo sabe: entre las 18 derrotas del ciclo posterior a la eliminación con Palmeiras hubo dos frente a Boca, una de ellas bajo su conducción, y tropiezos que ningún entrenador de River puede acumular sin consecuencias.
El próximo domingo, en el estadio Más Monumental, River recibe a Rosario Central con la obligación de cortar la serie negativa y empezar a despejar la amenaza del séptimo fracaso. La estadística, por ahora, no admite grises: cada vez que el equipo perdió los dos primeros encuentros de liga, el campeonato terminó sin festejo en Núñez.
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