(ARGENTINA).- “Santiago Lencina está cerca de salir; Germán Pezzella tiene dos o tres propuestas firmes y entre esta semana y la otra define a dónde va; Matías Galarza Fonda y Kevin Castaño no volvieron a entrenarse en River porque tienen casi cerrada su salida; a Maxi Salas lo quiere Independiente Rivadavia”, afirmó el periodista Hernán Castillo. Con ese panorama sobre la mesa, la dirigencia que encabeza Stéfano Di Carlo cambió la estrategia para liberar cupos: ya no exige solo una venta, sino que acepta préstamos con opción u obligación de compra.
El giro llegó después de tres derrotas consecutivas al inicio del semestre y la eliminación en Copa Argentina contra Aldosivi, un arranque que incluyó caídas de local frente a Barracas Central y en La Plata ante Gimnasia. El 16 de junio el club había anunciado que once futbolistas no seguirían en Primera, lista que luego se amplió a trece con los cedidos Matías Viña y Kendry Páez. Sin embargo, a casi dos meses de aquella comunicación, solo dos resolvieron su situación: Paulo Díaz y Maximiliano Meza, que rescindieron sus contratos.
Entre los diez que todavía se entrenan al margen aparecen casos con distinto grado de avance. Santiago Lencina, volante de 20 años que renovó su vínculo hasta diciembre de 2028, tiene encaminada una cesión al Burgos de la segunda división de España. El más resonante es el de Germán Pezzella: el defensor campeón del mundo rechazó una oferta de renovación por productividad, tiene contrato hasta fines de 2027 y no fue reincorporado pese al pedido expreso de Nicolás Otamendi. Según Castillo, maneja dos o tres propuestas firmes y definirá su futuro entre esta semana y la próxima.
Los mundialistas Matías Galarza Fonda y Kevin Castaño ni siquiera regresaron a Buenos Aires después de la Copa del Mundo. Galarza Fonda tenía negociaciones con Bologna que se enfriaron y sigue a la espera; Castaño, por quien River invirtió cerca de 15 millones de dólares a principios de 2025, se entrena en Colombia mientras aparece el interés de Vasco da Gama. En el caso de Maximiliano Salas —pretendido por Independiente Rivadavia para la Copa Libertadores—, el obstáculo es salarial: el club de Núñez debería hacerse cargo de parte del sueldo durante el préstamo, algo que la dirección deportiva no está dispuesta a aceptar.
Los préstamos de Viña con Flamengo y de Páez con Chelsea no pueden romperse sin un costo elevado, por lo que ambos continuarán apartados al menos hasta diciembre. Con el cierre del mercado a la vista —este 31 de julio—, el presidente Stéfano Di Carlo y su director deportivo Pablo Longoria trabajan contrarreloj para dar salida a los diez futbolistas que siguen al margen y descomprimir un plantel que, en palabras de Castillo, “quedó otra vez en el ojo de la tormenta”.
Las urgencias no terminan en los despachos. River viene de firmar uno de los peores inicios de torneo en décadas y el ciclo de Eduardo Coudet pende de un hilo: el domingo recibe a Rosario Central en el Más Monumental, una parada decisiva para un equipo que también apunta a los octavos de final de la Copa Sudamericana y la disputa del Clausura, después de haber sido subcampeón del Apertura y líder de su grupo continental. Los hinchas, cada vez más impacientes, cuestionan no solo el armado del plantel sino también la gestión de Stéfano Di Carlo: las inversiones en Ángel Correa (casi 20 millones de dólares por dos partidos), Mauro Arambarri, Giovanni González y Rafael Santos Borré dejaron escaso retorno en la cancha, y el tratamiento hacia los apartados —sumado a la salida de Juan Fernando Quintero— es otro flanco abierto.
Sin margen para más tropezones, la dirigencia de Stéfano Di Carlo sabe que las resoluciones de los marginados no solo impactan en las cuentas y los cupos: también definirán cuánta cintura le queda al proyecto para reencauzar un semestre que ya nació torcido. La próxima posta, el domingo en Núñez.
