(ARGENTINA).- “No te hagas el vivo, eh”, le espetó Nicolás Otamendi a Nacho Fernández en medio de la tensión que dominó la derrota por 1 a 0 de River contra Gimnasia en La Plata. La frase, captada con nitidez en el segundo tiempo, expuso la calentura de un equipo que acumuló su segunda caída consecutiva en el Torneo Clausura y profundizó un comienzo de semestre lapidario.
El encontronazo se originó por un pisotón claro de Nacho Fernández sobre Gonzalo Montiel. Mientras el lateral de River quedó tendido en el césped, el ex volante millonario acusaba a su rival de simular la falta y fue ahí cuando Nicolás Otamendi salió al cruce directo con la dura advertencia. El árbitro Leandro Rey Hilfer no sancionó la acción con amarilla y, para colmo, Montiel debió esperar un minuto fuera del campo por las nuevas normativas que se aplican en el fútbol argentino tras recibir asistencia médica.
Más allá de la anécdota del cruce verbal, la noche en el Bosque dejó al descubierto la fragilidad de un plantel que ni siquiera la llegada de Nicolás Otamendi como refuerzo estelar logró ordenar. El defensor campeón del mundo jugó su segundo partido con la banda y, lejos de afirmar la última línea, el equipo volvió a mostrar las mismas dudas defensivas que le costaron la eliminación en la Copa Argentina contra Aldosivi y el traspié en el debut del Clausura ante Barracas Central como local.
La caída en La Plata confirmó uno de los peores arranques en torneos locales para River en más de tres décadas. El equipo de Eduardo Coudet no solo fue superado en el juego, sino también en la actitud y la intensidad que propuso un Gimnasia de pierna fuerte. El presente enciende todas las alarmas: tras haber sido subcampeón del Apertura y haber liderado su grupo en la Copa Sudamericana, el conjunto de Núñez acumula tres golpes durísimos que obligan a una recuperación inmediata.
Los cuestionamientos ya no apuntan solo al entrenador —muchos hinchas piden su salida—, sino también a la gestión del plantel. La inversión de casi 20 millones de dólares por Ángel Correa apenas mostró dos partidos intrascendentes. A su vez, Mauro Arambarri y Giovanni González dejaron malas impresiones en sus pocos minutos, y Rafael Santos Borré tampoco convence. El equipo necesita refuerzos de mayor jerarquía, pero el tiempo apremia y los resultados no acompañan.
Otro foco de conflicto para los simpatizantes es el manejo de la larga lista de jugadores apartados en la pretemporada, sumado a la controvertida salida de Juan Fernando Quintero. A casi dos meses de aquella decisión, solo Paulo Díaz y Maximiliano Meza consiguieron salir del club. La demora en resolver esos contratos y la falta de nombres de peso en ataque recaen directamente sobre el Director Deportivo, Pablo Longoria, y los directivos encabezados por el presidente Stéfano Di Carlo.
En la previa del encuentro, el clima había sido radicalmente distinto. Gimnasia homenajeó con una plaqueta especial a los campeones del mundo Otamendi y Montiel por su participación en la Copa del Mundo 2026. “Por representar a la Argentina en la Copa Mundial de la FIFA 2026, llevando con orgullo los valores del fútbol argentino y honrando los orígenes que lo vieron crecer. Con profunda admiración y gratitud, Gimnasia y Esgrima de La Plata”, rezaba el reconocimiento que los hinchas del Lobo acompañaron con una lluvia de aplausos. Un gesto de gratitud que contrastó con la hostilidad del partido.
El miércoles por la noche no hubo margen para nostalgia: River jugó mal y la imagen de Nicolás Otamendi discutiendo con Nacho Fernández se convirtió en el emblema de un equipo falto de temple. La urgencia de los próximos octavos de final de la Sudamericana y la continuidad del Clausura le ponen un techo bajísimo a cualquier margen de error.
La chance de empezar a torcer la historia es inminente. Este domingo, River recibirá a Rosario Central en el Más Monumental desde las 19:15 con la obligación de sumar sus primeros tres puntos en el certamen. Si el equipo vuelve a tropezar, el ciclo de Coudet quedará pendiendo de un hilo ante una dirigencia que también empieza a quedar en el centro de la escena.
