(ARGENTINA).- River cayó 1 a 0 contra Barracas Central en el Monumental por la primera fecha del Torneo Clausura y dejó la sensación de que ni los propios futbolistas entienden cuál es el plan. Eduardo Coudet, que ya había calificado de “papelón” la eliminación contra Aldosivi, tampoco encontró soluciones desde el palco.
El desarrollo del partido fue un calco de las últimas presentaciones. River monopolizó la pelota —tuvo el 76% de posesión— pero jamás tradujo ese dominio en peligro real. Enfrente, Barracas se paró con una línea de cinco defensores y tres volantes bien pegados, esperó y golpeó en la única que tuvo: a los 22 minutos, Gonzalo Morales recibió en el área y sacó un zurdazo cruzado que venció a Ezequiel Centurión para silenciar a los más de 85 mil hinchas.
Desde el banco no hubo respuestas, aunque en rigor la máxima responsabilidad táctica no estuvo en el campo de juego. Eduardo Coudet debió cumplir una sanción disciplinaria y quien condujo al equipo fue Ariel Broggi, su principal ayudante. Sin embargo, la mano del DT se notó en las decisiones: en el complemento, con el equipo en desventaja, acumuló delanteros como única variante. Broggi —o el propio Coudet a la distancia— optó por jugar todo el segundo tiempo con cuatro delanteros, una apuesta que no modificó el trámite ni generó ocasiones claras.
Esa improvisación desnudó la peor versión del equipo. Santos Borré jugó como centrodelantero, pese a que suele rendir mejor con otro punta al lado. Colidio y Freitas quedaron abiertos como extremos —lejos del área— y Lucas Beltrán, recién ingresado, fue ubicado como mediapunta, una posición en la que no logra pesar. “Pereyra como Galván parecían muy incómodos de volante por izquierda y derecha, respectivamente”, describió la crónica del encuentro. Sin circuitos de juego, cada ataque fue una suma de voluntades individuales que chocó una y otra vez contra la pared defensiva visitante.
Eduardo Coudet había dicho tras la eliminación por Copa Argentina que el equipo “no transmitió nada”. El partido contra Barracas, lejos de mostrar una enmienda, agravó la crisis de funcionamiento. Ni siquiera los debuts de los refuerzos de lujo alteraron el guion. Nicolás Otamendi gritó y ordenó con el oficio de un campeón del mundo —jugó los minutos finales como un nueve por amor propio—, pero no encontró eco en un mediocampo partido. Ángel Correa ingresó con la 10 en la espalda y probó de zurda al medio, aunque sin la precisión de otras tardes.
La impotencia del capitán fue la postal definitiva. En el cierre, hasta le reclamó a Nazareno Arasa con un gesto a cámara: “No seas malo, dale…”. Cuando el referente debe ocuparse de discutir con el árbitro para torcer la historia, queda en evidencia que el andamiaje colectivo está roto. La gente, que había ovacionado a Otamendi en la previa, despidió al equipo con una sonora silbatina a la altura de la frustración acumulada. Ni Eduardo Coudet ni Broggi dieron la cara después del encuentro: el cuerpo técnico se retiró sin brindar conferencia de prensa.
Una clasificación que se complica sin juego
El traspié no solo hiere el orgullo: compromete el objetivo central del semestre. Sin sumar en la primera fecha del Clausura, River quedó sexto en la tabla anual y ve cómo se le escapa el pasaje a la Copa Libertadores 2027 por esa vía. El margen de error se redujo a cero antes de lo previsto y la reacción deberá ser inmediata. El próximo escollo será este miércoles 29 ante Gimnasia y Esgrima La Plata, en el Bosque.
El tiempo para corregir las distorsiones colectivas se acorta mientras asoma el 12 de agosto, la fecha del primer cruce de octavos de final de la Copa Sudamericana. La urgencia ya no pasa por los nombres ni por los refuerzos: River necesita entender de una vez a qué juega. Si Coudet no logra transmitir una idea, la falta de rumbo amenaza con tirar por la borda todo el semestre.
Seguí todas las noticias de Soy del Millo en Google News↗